• La depresión de la vicepresidenta. Sáenz de Santamaría se encuentra en el punto más bajo de toda su carrera política: "Yo estoy en el día a día", se defiende. O sea, partido a partido: "Hoy a Ávila".
  • Alguien ha convencido a Rajoy de la operación Cebrián-CEC para entronizar a la vicepresidenta, si él tropieza en el caso Bárcenas.
  • Y es ahora cuando Rajoy se cree la conspiración… y no quiere ni ver a su segunda.
  • Ayuntamiento de Madrid. Las encuestas internas del PP concluyen que la mejor candidata no es Sáenz de Santamaría, sino Aguirre.
  • A día de hoy, con el peligro Bárcenas inconcluso, Rajoy quiere que Soraya permanezca como su segunda hasta el final de legislatura… y nada más.
  • Pero cuidado: Rajoy puede convertirse en un pato cojo, sobre todo a partir de las municipales de mayo.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría (en la imagen junto a Mariano Rajoy), es una mujer técnicamente sólida, conceptualmente gaseosa y moralmente superficial. Quizás por eso se muestra ciclotímica. Ha pasado de la euforia de meses atrás, cuando creía que podía, y debía, sustituir a Mariano Rajoy, agobiado por la corrupción, antes incluso de que terminara la legislatura, a atravesar, en estos momentos, a comienzos del electoral año de 2015, por el momento más bajo de toda su carrera política. Soraya parece noqueada y deprimida. Lo que Hispanidad adelantó, la posibilidad de que pasara de vicepresidenta del Gobierno a candidata del PP al Ayuntamiento de Madrid, se ha convertido ahora en el eje político de sus ruedas de prensa. Aunque el diario ABC se empeñe en publicar, a través de la jefa de Gabinete de Soraya, la ilustre María González Pico, que las encuestas internas del partido dan como mejor candidata a la vice, pero que no puede acudir al torneo electoral de la capital porque Rajoy no se atreve a prescindir de ella en Moncloa, la verdad es muy otra. En primer lugar, según las encuestas internas, no es Soraya la más popular, sino Esperanza Aguirre.

Y para Soraya, Rajoy no le reserva el Ayuntamiento de Madrid. Hay que ver cómo transcurre este año electoral, pero lo cierto es que no la quiere ver, ni en pintura, ni como consejera autonómica.

Los recelos de Rajoy hacia su segunda se gestaron con el caso Bárcenas, lo que más preocupa al presidente del Gobierno. Y siguen ahí, tenemos a un presidente del Gobierno agobiado por una posibilidad: que el juez Ruz le impute en el caso Bárcenas por cobrar sobresueldos en negro. Todo lo demás sobra.

En el entretanto, don Mariano está convencido, ahora más que nunca, de que Soraya se dejó querer cuando, en los momentos más difíciles de 2012 -año económico-, 2013 -año de follones judiciales- y 2014 -año mix de economía, tribunales y política- el señor Juan Luis Cebrián, junto a los grandes empresarios y banqueros del CEC, jugaron por Soraya como sustituta de un Rajoy dimisionario. Y saben, la necesaria estabilidad. Se necesitaba una líder no quemada por la corrupción y esas cosas. Juan Luis Cebrián abanderaba el cambio y los prohombres del CEC estaban dispuestos a abonar la idea. Por estabilidad, naturalmente.

En la rueda de prensa del pasado viernes 9, posterior al consejo de ministros, Soraya fue preguntada una y otra vez por su futuro político. Más a la defensiva que nunca, con una voz salida de la depresión, afirmó que ella está 'en el día a día'. Sólo le faltó añadir, partido a partido. Luego, como muestra, aseguró que se marchaba a Ávila para el aniversario de Santa Teresa. A lo mejor se nos vuelve pía.

En cualquier caso, tiene un año para renovar la confianza de Rajoy y si lo consigue, y si el PP no pierde las elecciones, espera otra legislatura, por lo menos, para que llegue su momento. Y también tiene un año para superar la depresión. Sí, hay tiempo, porque recuerden que en esa ecuación deben añadir otro elemento: Rajoy todavía manda, pero cada vez gobierna menos. A lo mejor, tras las municipales y autonómicas no manda tanto y se convierte en un pato cojo. Entonces, Soraya renacería.

Eulogio López

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