• Tiene mucha jeta: olvida que es responsable de importantes fallo de seguridad y afronta un multa de Bruselas de casi 1.000 millones.
  • El líder en microchips para móviles dice que la oferta (121.000 millones de dólares) es insuficiente.
  • No hablamos de una operación pequeña precisamente, sino de la mayor compra tecnológica de la historia…
Parece como si no fuera con ellos la cosa y no tuviera ningún problema, pues Qualcomm ha rechazado la oferta de Broadcom. ¿La razón? Quiere más dinero y punto. El líder en microchips para móviles afirma que la oferta de 121.000 millones de dólares (98.862 millones de euros al cambio actual) es insuficiente. Y eso a pesar de que estamos ante la que sería la mayor compra tecnológica de la historia… pues casi doblaría lo pagado por Dell para hacerse con la firma de almacenamiento de datos EMC en octubre de 2015 (67.000 millones de dólares, o sea, unos 54.700 millones de euros). Pero Qualcomm tiene mucha jeta porque parece que olvida el importante fallo de seguridad en los móviles Android en 2016 y la reciente multa de 1.200 millones de dólares (980 millones de euros) que le ha impuesto Bruselas por su pacto con Apple. Esta sanción se debe a que la Comisión Europea ha considerado que el acuerdo que ambas firmas tenían desde 2011 y se extendió en 2013 hasta 2016 violaba las normas de competencia de la Unión Europea: Qualcomm pagaba a Apple para que usara sus chips en vez de los de otros fabricantes. Estos dos aspectos deberían ser suficiente para que Qualcomm frenara su ambición y considerara la generosa oferta de Broadcom. De hecho, por si acaso, Qualcomm no ha cerrado del todo la puerta y está abierta a sentarse y hablar para resolver los problemas que han surgido en la operación… No podemos olvidar que en septiembre de 2016, Apple prescindió de ella en los iPhone y pasó a usar Intel, el gigante de los microprocesadores que también ha tenido fallo de seguridad y ha señalado que todas las marcas son vulnerables. Además, la operación Broadcom-Qualcomm no es baladí porque vivimos en un mundo que depende, y mucho, del chip. Cristina Martín [email protected]