• El Tesoro se niega a desapalancarse: terminará 2017 con una deuda pública similar a la de 2016, esto es, en el entorno del 100% del PIB.
  • El Gobierno saca pecho: el coste medio de las nuevas emisiones está en mínimos históricos (0,61%).
  • Pero el coste de la deuda en circulación sigue alto (2,79%).
  • La nueva secretaria general del Tesoro y Política Financiera, Emma Navarro, no modifica la estrategia "prudente y estable" de años anteriores.
  • En definitiva, la actitud conservadora del Tesoro condena a España a vivir pendiente de los prestamistas.
Si algo funciona correctamente, no lo cambies. Es lo que piensa la nueva secretaria general del Tesoro y Política Financiera, Emma Navarro (en la imagen), que este lunes ha presentado la Estrategia de Emisión de Valores del Tesoro en 2017. Así, la hoja de ruta presentada se asienta en los mismos pilares que en años anteriores: alargar la vida media de la deuda, abaratar los costes y diversificar la base de inversores. Todo esto está muy bien si no fuera por un pequeño detalle: estamos hablando de la deuda pública española, que no para de crecer y terminará el año por encima del 100% del PIB. En otras palabras, el Tesoro se niega a desapalancarse y cerrará 2017 con una deuda pública similar o superior a la de 2016. Pero al Gobierno no le importa demasiado. Es más, se enorgullece de que el coste medio de las nuevas emisiones esté en mínimos históricos (0,61% frente al 0,84% del año anterior). No está mal, pero mejor estaría anunciar una disminución importante del apalancamiento. Además, el coste de la deuda en circulación sigue siendo elevado (2,79%) aunque el Ejecutivo insista en que es el menor de todos los tiempos. Con estos datos en el zurrón, Navarro ha decidido que no es el momento de cambiar. Por eso, la estrategia para 2017 será "prudente y estable", como la de años anteriores. La emisión bruta será de 220.017 millones de euros, un 0,6% inferior a la de 2016, de los que 122.904 millones serán a medio y largo plazo. La emisión neta será de 35.000 millones, la misma que en el ejercicio anterior. En definitiva, la actitud conservadora del Tesoro condena a España a vivir pendiente de los prestamistas y eso nunca es bueno. Algunos dirán que no queda otro remedio, que el Gobierno no tiene margen de maniobra. Pues que lo busque, que para eso está. El problema es que para reducir el apalancamiento hay que tomar medidas impopulares. Y no estamos hablando de subir (aún más) los impuestos. Pablo Ferrer [email protected]