• Eso sí, el Gobierno luso pide demasiado dinero por una entidad en subasta que casi debe ponerse en marcha.
  • Sabadell y Popular exigen una rebaja del precio o no irán a puja alguna.
  • Caixabank sí podría hacerlo, sobre todo si encuentra sinergias con su ahora opado BPI
  • Queda los chinos, a través del Bank of China, siempre deseosos de entrar en la UE por la puerta de atrás: Portugal.
  • Han hecho lo mismo en el sector energético, a través de EDP o REN, o el aéreo.

 

Los bancos españoles son los que han mostrado hasta ahora una voluntad más decidida para hacerse con Novo Banco, el antiguo Banco Espirito Santo (BES), hoy en subasta pública. En concreto, BBVA, Popular, Sabadell, Caixabank y Santander, que ya están presentes en el país, tienen la información sobre el proceso de venta contenida en el cuadernillo (Teaser) que publicó a finales de año el Banco de Portugal.

Es obvio que el tablero ha cambiado tras la confirmación de Caixabank, este martes, de que lanzará una OPA sobre el BPI, en el que ya tiene una participación del 44,1%. El banco español era uno de los aspirantes más claros para hacerse con Novo Banco y sigue siéndolo, a pesar del aparente giro de 180 grados que implica su operación para controlar la mayoría del BPI, el cuarto banco luso. De hecho, si Caixabank comprara también Novo Banco completaría la red bancaria a la que aspira en Portugal. Sería el resultado de una fusión de ambos, que daría lugar al primer banco portugués.

Caixabank sigue siendo, además, el candidato más probable también por descarte. Tanto el Popular como el Sabadell coinciden en que la operación de compra de Novo Banco es muy compleja. El presidente del Popular, Ángel Ron, lo dejó claro en enero al presentar los resultados de 2014 del banco, confirmó que habían mostrado interés por la entidad cuando así se lo pidió el Banco de Portugal, pero que la operación no les interesaba, entre otras cosas, porque apenas crearía sinergias entre las dos entidades. Sobrevolaba, no obstante, aunque no lo mencionó, el precio excesivamente alto elevado de la puja: 2.500 millones de euros.

Quedan el Santander y el BBVA. ¿Les interesa? En cualquier caso, más al primero que al segundo, que está de retirada en el país. Quedó claro cuando anunció, en noviembre, el despido del 25% de su plantilla en el país, donde se centrará, dijo entonces, en el segmento de gama alta y grandes empresas, un modo como otro cualquiera de justificarse cuando un banco va mal. Con el Santander puede ocurrir lo mismo, pero por otras razones. Ya controla el quinto banco portugués, su filial Totta. El primero sigue siendo el banco público Caixa Geral de Depósitos. En cualquier caso, el banco que preside Ana Botín también formalizó en diciembre su interés por Novo Banco. Otra cosa es que puje finalmente por él. Como el resto, el precio, 2.500 millones, es elevado.

Pero no sólo hay entidades españolas en la puja. Están también la gestora americana Apollo y también interesa a China. Fue precisamente una empresa financiera de ese país, Haitong, la que compró en agosto Banco Espirito Santo Inversión -la división especializada del BES en inversión- por 379 millones de euros. En la puja aparecen el Bank of China y el grupo Fosun, uno de los mayores grupos industriales y de inversión chinos.

Para las compañías del gigante asiático, Portugal es una plataforma interesante de penetrar en Europa. De hecho han accedido ya por esa vía a sectores estratégicos europeos como el eléctrico o el aéreo. Grandes grupos chinos como There Gorges (Las Tres Gargantas) o State Grid se hicieron con dos de las empresas portuguesas del sector energético como, EDP y REN. De hecho, la adquisición del 22% de EDP por There Gorges supuso después la salida de Iberdrola de la energética, en la que tenía un 6,6%. Los bancos chinos podrían repetir la misma estrategia en el sector bancario con la compra de Novo Banco.

La caída en picado del Banco Espírito Santo (BES), el mayor grupo financiero portugués, se precipitó a raíz de la publicación de sus resultados en el primer semestre de 2014. Las pérdidas, insostenibles, ascendían a 3.577 millones de euros, una cifra que superaba con creces el colchón de capital de la entidad. Después fue rescatado por el Estado a principios de agosto. Según el programa de rescate BES anunciado por el Banco de Portugal, la operación tenía dos partes. Por un lado, se hizo una inyección de 4.900 millones de euros, 500 de ellos aportados por un fondo creado por la banca privada, y el resto, (4.400) prestados por el Estado, que lo tomó del programa de ayuda financiera de la Troika. Finalmente, la entidad quedó partida en dos: un banco malo en el que quedaban aislados los activos tóxicos, y Novo Banco, la nueva entidad que reemplazaba al antiguo BES.

Rafael Esparza

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