• Porque España será cristiana o no será.
  • Faltó el belén en el discurso de Nochebuena: sólo apareció el muy artístico Belén Napolitano, bien separado de la figura regia.
  • Lo cual es la cuestión clave porque el diálogo entre españoles que pide el Monarca sólo sirve a partir de una fe común: la fe perdida en Cristo.
  • Y Felipe VI es un rey muy laico. Es decir, un Rey que muy poco puede aportar a la España actual.
  • Al Monarca puede ocurrirle lo mismo que le ocurrió a su padre en la recta final: quedarse solo.
  • Felipe VI, el Rey jacobino. El problema es que a los jacobinos no les gustan los reyes.
  • Aunque es cierto que a los comunistas de Podemos tampoco. 
Discurso navideño de su Majestad, el Rey de España, Felipe VI. En el Palacio Real, no en Zarzuela. Lo cual es bello e instructivo, dado que los Reyes de España deberían vivir en el Palacio Real. No en una enorme finca del suburbio elegante de la capital, sino sirviendo como lo que deben ser: en medio de su pueblo, soportando los atascos e inseguridades del viejo Madrid, cerca de sus representados, e incluso como atracción turística. No tiene derecho a alguno a vida privada. Se deben al pueblo al que sirven y una de dos: o constituyen una referencia moral para ese pueblo o la Monarquía se convierte en triste nostalgia. ¿Es que Felipe VI no ha aprendido nada de la caída de su padre? Naturalmente, ni la menor alusión al nacimiento de Cristo en el discurso regio, que es, precisamente, lo que celebramos en Nochebuena (y el que no crea en esto que no celebre la Navidad y tan amigos). No había Belén salvo las imágenes del muy artístico Belén napolitano (ya saben que SM la Reina Letizia, tan influyente, vive para el arte), convenientemente separado de la toma de Felipe VI, no vaya a pensar alguien que la Monarquía española se contamina con supersticiones cristianas. El Rey Felipe VI se nos ha vuelto jacobino. Habla de la unidad de España (hace muy bien) pero sin alusión a los orígenes de la nación española, que son los que dan sentido a su unidad y los que ponen en solfa la tontunas independentistas. Y esos orígenes son orígenes cristianos. España será cristiana o no será. Y algunos preferimos la España rota que la España atea, entre otras cosas porque, si se vuelve atea, se romperá. Pero el Rey no. Felipe VI demostró con su discurso de Nochebuena que es un jacobino. Los jacobinos eran comecuras que creían en la nación y en unos principios morales civiles, que no eran otra cosa que los viejos principios cristianos pero prescindiendo de Cristo. Es decir, una contradicción en sus propios términos. Sin entrar en la deriva jacobina, hoy representada políticamente por Ciudadanos y antes por el desaparecido UPyD. Felipe VI nos pide diálogo y unidad pero no nos dice porque tenemos que estar unidos ni sobre qué tenemos que dialogar. Los jacobinos creen en la nación española indisoluble. Está bien, yo también creo en la indisolubilidad de España. Ahora bien, no deifico a España. Deificar, sólo al niño nacido en Belén que Su Majestad, tan laico, ha tenido a bien separar de él por varios kilómetros de cámara. Un rey tal laico poco puede aportar a la España actual. Ahora bien, lo que debería recordar Felipe VI es que a los jacobinos no les gusta la monarquía. Es cierto que a los neocomunistas de Podemos tampoco, pero el peligro sigue siendo el mismo: por pretender apuntalar su referencia moral en el diálogo –el diálogo, por sí mismo, no es nada- a Felipe VI puede ocurrirle lo mismo que le ocurrió a su padre: quedarse solo. Eulogio López [email protected]