• Bancaja se llevó por delante a Caja Madrid.
  • Y la CAM nos costará más de 26.000 millones de euros.
  • La clave, los créditos dolosos otorgados por estas entidades.
  • Dos ejemplos: los 225 millones que dio Bancaja para construir hoteles en el Caribe, y los 60 millones otorgados por la CAM para comprar un erial en Sitges sin recalificar.
  • ¿Dónde estaba el supervisor?
Bancaja y la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Son -o fueron- los dos 'venenos' de la crisis financiera española. Y no porque sus directivos tuvieran sueldos estratosféricos o porque tuvieran acceso a tarjetas opacas, sino porque otorgaron créditos dolosos multimillonarios. Y de aquellos polvos, estos lodos: Bancaja se llevó por delante a Caja Madrid y la broma de la CAM, ahora en manos del Sabadell, nos va a costar más de 26.000 millones de euros. La clave, como hemos señalado, fueron los créditos dolosos, esto es, los créditos mal concedidos a sabiendas. Por ejemplo, los 225 millones de euros que concedió José Luis Olivas (Bancaja) para construir unos hoteles en el Caribe. Casualmente, ese crédito resultó fallido a los pocos días y el empresario se hizo de oro. A costa, claro está, del agujero que dejó en la entidad y que más tarde se rellenó con el dinero de los contribuyentes. Otro ejemplo, menos conocido: los 60 millones que otorgó la CAM a un promotor para que comprara un erial en Sitges, no en la costa, sino en el interior de la comarca. El proyecto, levantar una urbanización con todos los servicios incluidos. Vamos, que se iba a vender mejor que un refresco en el desierto. Solo faltaba un pequeño detalle sin importancia: el terreno (perdón, el erial) era rústico. A los pocos días, el crédito pasó a formar parte de la cartera de fallidos. Por cierto, no hace mucho, el Sabadell logró colocar ese suelo... por 1 millón de euros. Son solo dos ejemplos, pero sirven para ilustrar el verdadero motivo que provocó la caída de las entidades. Porque el director del FROB, Jaime Ponce, anunció en sede parlamentaria -octubre de 2016- que habían descubierto 47 operaciones irregulares de este tipo, por un valor de 3.588 millones de euros. Por supuesto, ahora están en manos de la Fiscalía. La pregunta obligada es: ¿dónde estaba el supervisor? Oiga, que estamos hablando de una media de 76 millones de euros por operación. ¿Acaso no es sospechoso un crédito de 60 'kilos' para comprar un suelo rústico en Sitges? Al final, todos estos agujeros se han tapado don dinero público. Claro, como no es de nadie... Pablo Ferrer [email protected]