• Lleva diez años como canciller, empeñada en sustituir carbón y energía nuclear por renovables.
  • E.on y RWE presentan pérdidas por la depreciación de sus activos y se dividirán en dos para sobrevivir.
  • El caso de E.on es, si cabe, más grave, pues los 'números rojos' ascienden a 7.000 millones ( 121%).
  • Las ventas crecen un 2,7%, hasta los 116.218 millones, pero el Ebitda baja un 9,8%, hasta los 7.557 millones.
  • Mientras, la deuda se reduce, pero sigue elevadísima: 27.700 millones, superando en casi 11.000 millones la capitalización.
No hay dudas de que la canciller alemana, Angela Merkel, ha tenido poco aprecio y consideración con las dos eléctricas del país (E.on y RWE). Es más, con su política verde se las ha cargado. Merkel se puso al frente de Alemania en noviembre de 2005 y pronto lanzó su política verde. Desde entonces, lleva diez años y unos meses empeñada en sustituir el carbón y la energía nuclear por las renovables. Aunque fue a la mitad de su segundo mandato, tras la catástrofe de la central de Fukushima (Japón), cuando Merkel se puso seria: fijó el apagón nuclear del país para 2022. Por ello, Alemania ya trabaja para que el 80% de su electricidad provenga de energía eólica y solar en el año 2050 (ahora el porcentaje está en torno al 20%. Claro que el desastre de la política energética de la canciller no sólo se ha dejado sentir en el país germano. También está detrás del fracaso del plan europeo que pretendía que tres grandes compañías (EDF, E.on y RWE) se repartieran el negocio de la energía en el viejo continente. Y ante este panorama, E.on y RWE son las dos grandes perjudicadas. Ambas eléctricas han presentado pérdidas en el último ejercicio por la depreciación de sus activos. Las de RWE han sido de 170 millones de euros, muy lejos del beneficio de 1.704 millones logrado en 2014, y se reducirá 2.400 empleos en Reino Unido, en el negocio de electricidad y gas, por la depreciación de sus centrales. El caso de E.on es, si cabe, más grave, pues en el último ejercicio, los 'números rojos' han ascendido a 7.000 millones. Esta cifra supone más del doble ( 121%) que la presentada en 2014, la cual se situó en 3.160 millones. ¿El motivo? En otoño, E.on tuvo que hacer frente a cargos de 8.800 millones por el deterioro de las centrales eléctricas de generación convencional, tras el empeoramiento de las perspectivas de rentabilidad por la caída de los precios mayoristas de la electricidad. Pero E.on y RWE no sólo presentan pérdidas, sino que también tendrán que dividirse en dos para sobrevivir. La primera, que tiene como Ceo a Johannes Teyssen, escindirá su negocio de generación convencional en una nueva compañía, denominada Uniper, y el de energía atómica seguirá en la filial PreussenElektra. Por su parte, la carbonera, cuyo Ceo es Peter Terium, se dividirá en renovables y generación convencional. En ventas, E.on encuentra algún que otro consuelo, pues la cifra creció un 2,7%, hasta los 116.218 millones, aunque el Ebitda bajó un 9,8%, hasta los 7.557 millones. RWE facturó 48.599 millones y presentó un Ebitda de unos 7.000 millones. Mientras, la deuda de ambas eléctricas se reduce un poco, pero sigue siendo elevadísima, otra muestra de su delicada situación por la política verde de Merkel. E.on mostró un apalancamiento de 27.700 millones, casi 11.000 millones superior a su capitalización. Mientras, el de RWE se situó en 25.100 millones, un 20% inferior al de 2014, pero cuadro veces mayor que su valor en bolsa. Cristina Martín [email protected]