• La presidenta de Brasil, que fue investida para su segundo mandato el pasado 1 de enero, se desploma en las encuestas.
  • Este fin de semana, alrededor de un millón de personas salieron a la calle a protestar contra el Gobierno, los problemas económicos y la corrupción en la compañía estatal Petrobras.
  • Aunque las protestas del pasado 15 de marzo fueron mayores, con casi dos millones de brasileños.
No atraviesa sus mejores momentos Dilma Rousseff al frente de la Presidencia de Brasil. Y eso que fue investida para su segundo mandato el pasado 1 de enero, después de ganar estrechamente la reelección en octubre de 2014. Pero desde entonces hay en el país carioca mucho ruido de protestas contra ella. El pasado 15 de marzo casi 2 millones de brasileños salieron a las calles para protestar contra el Gobierno, los problemas económicos y la corrupción en la compañía estatal Petrobras. Y este fin de semana ha habido una reedición de esas protestas. En concreto, muchos brasileños tomaron las calles en más de 100 ciudades del país. En esta ocasión, los actos callejeros reunieron al menos 700.000 personas según la policía y 1,5 millones según los organizadores, recoge Reuters. La mayor concentración ocurrió en São Paulo, donde la policía dijo que hubo 275.000 manifestantes en el centro y la encuestadora Datafolha calculó 100.000. En la protesta del mes pasado habían reportado 1.210.000 personas respectivamente. Una encuesta de Datafolha indicó el sábado que, ante el gigantesco escándalo de sobornos en la petrolera estatal Petrobras, el 63% de los brasileños apoyan un proceso de destitución de Rousseff dirigido por el Congreso y 33% lo rechazan. No existe ninguna investigación formal contra Rousseff por ese caso, y varios juristas niegan que haya elementos para que el Congreso la destituya como hizo con el presidente Fernando Collor ante otro escándalo de corrupción en 1992. Pero el "caso Petrobras" ha salpicado la imagen de Rousseff, que encabezó el Consejo de Administración de la empresa en años en que ocurrieron presuntos desvíos. Su popularidad se ha desplomado ante el escándalo de corrupción y los problemas económicos y su índice de aprobación se ha desplomado al 13% según un sondeo de Datafolha. Los investigadores sostienen que parte de los sobornos multimillonarios que pagaron empresas a cambio de contratos de obras con la petrolera financiaron al gobernante Partido de los Trabajadores (PT), o sea, el de la presidenta Dilma. Pero Rousseff se defiende: dijo la semana pasada en la emisora CNN tener "absoluta certeza" de que su campaña electoral no recibió dinero de la corrupción y defendió la actuación de su gobierno ante el escándalo Petrobras. José Ángel Gutiérrez [email protected]