• El 41% de la generación eléctrica mundial se obtiene gracias al carbón, frente al 1% de la tecnología eólica y frente al 0,1% de la solar.
  • La otra obsesión ecologista, la nuclear, representa el 11%.
  • Ni la suma de las renovables puede satisfacer la necesidad energética de los países más poblados: India y China.
  • En definitiva, las dos fuentes de energía del futuro son las más odiadas por los ecologistas: el carbón y la nuclear.
La Cumbre Internacional del Clima, que se celebra estos días en París, está aportando muchos titulares, al menos durante estos primeros días en los que participan los presidentes de los países más importantes. Pero no se emocionen: al final, la Cumbre pasará y seguiremos igual que ahora. Mejor dicho, estaremos un poco peor porque se habrá impuesto la ideología que pone al ser humano al servicio del planeta, cuando es el planeta el que debe estar al servicio del ser humano. En cualquier caso, no habrá avances para reducir la contaminación. Y no los habrá porque Asia necesita el carbón. Según la Agencia Internacional de la Energía, el 41% de la generación eléctrica mundial se obtiene gracias al carbón. Para que se hagan una idea, la energía eólica sólo supone el 1% del total y la solar apenas representa el 0,1%. ¿Que en España el peso de la eólica y la fotovoltaica es superior? Efectivamente, pero gracias a las subvenciones públicas. Pero esa es otra historia. Ahora estamos en París. Después del carbón, el gas es la materia prima más utilizada para la generación de electricidad. Su consumo alcanza el 22% del total. Por su parte, la hidráulica (16%) se sitúa en el tercer puesto, por delante de la nuclear, que supone el 11% del total. ¡Ah! Y sólo el 4% de la electricidad generada en el mundo proviene del petróleo. Así las cosas, las previsiones de la propia Agencia para el año 2040 no difieren mucho de la situación actual. Las variaciones más significativas las protagonizarán el carbón, cuyo uso disminuirá hasta el 30% según la Agencia, y sólo hasta el 35% según algunos expertos. En otras palabras, el carbón seguirá siendo la materia prima más utilizada. Y eso a pesar de que para el año 2040, China estará en plena transformación, del carbón a la energía nuclear. Y estará así, no porque se haya vuelto muy 'verde', sino porque calculan que para entonces no les quedará carbón y tendrá que empezar a importarlo. Concretamente, ya tendrá en marcha 30 reactores nucleares  y tendrá muy avanzados los trabajos para la puesta en marcha de otros 30 que ahora están en su primera fase de construcción. A esos hay que añadir otros 150 reactores que todavía están en una fase de planeamiento. Tengan en cuenta que se necesitan unos diez años para poner en marcha una planta nuclear. Pero entonces, ¿quién sustituirá a China como gran consumidor de carbón? El segundo país más poblado de la Tierra -y que para 2040 será el primero-: India. Sí, ese mismo que se ha llevado las críticas de Barack Obama porque contamina mucho, según el presidente norteamericano. Ya saben, la mejor defensa es un buen ataque. Criticando a la India puedo ocultar lo que ocurre en mi país. Sea como fuere, en 2040, la utilización de la energía nuclear, la otra obsesión, junto al carbón, de los ecologistas, pasará del 11% actual al 20%. ¿Y qué hay de la eólica? Según la Agencia, llegará al 9% en 2040, aunque los expertos aseguran que no superará el 4%. No hay tecnología suficientemente avanzada y tampoco hay suficiente investigación. Por su parte, la solar no superará el 2% del total aunque según la Agencia, llegará al 4%. En resumen, ni la suma de las todas las renovables del mundo puede satisfacer las necesidades energéticas de los países más poblados, que son China y la India. A eso hay que unir que las fuentes de energía del futuro serán el carbón y la nuclear, justo las dos más odiadas por los ecologistas. Por cierto, aunque se cumplieran los mejores pronósticos de la Agencia para 2040, las emisiones de CO2 seguirían aumentando. Y es que no hay ninguna tecnología completamente limpia. La que lo es más, es precisamente la más denostada, al menos en España: la nuclear. Pablo Ferrer [email protected]