• Porque Rivera aseguró que el líder del PSOE no tenía por qué ser presidente y apostó por un independiente. ¡Inadmisible!
  • Mientras, en el PP se acaban las mordazas: hay que prescindir de Rajoy.
  • Problema nacional que es problema personal.
Soraya Sáenz de Santamaría apoyará "hasta el final" a Mariano Rajoy. Eso sí: ni un minuto más. A Alberto Núñez Feijóo le retuvieron los encargados de Seguridad del Aeropuerto de La Coruña mucho más de lo que su patricia personalidad consideraba sufrible pero no sin antes recordar, camino de Madrid, que él está con su Mariano. Y eso que le corre prisa que se diluciden sus opciones en Madrid ahora que se pagan las de Galicia. Luego está doña Vanidades, Cristina  Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, quien, ahora que ha conseguido hacerse con el PP capitalino ni se ha dignado citar a la anterior presidenta, perdida al fondo de la Sala, pero que, asegura, apoyará Rajoy "porque es de justicia". Justo sí, pero no necesario. Y no, no le apoya como Soraya, hasta el final, pues podría encontrar su propio final antes de lo previsto y, sobre todo, mucho antes de lo deseado. Y Cristina tiene un futuro egregio por delante. No soy como Soraya y, por tanto, desconozco si Alberto Garre, ex presidente murciano, pide la marcha de Rajoy por haber perdido su sillón en el Senado o porque realmente piensa que es lo mejor para el partido. Pero su argumento de que el enrocamiento de don Mariano es un problema nacional nacido de una encrucijada personal, no parece desafortunado. Mientras, el vodevil de la investidura continúa. Si Rajoy desea mantenerse como presidente es para no perder al aforamiento y porque alguna cosa buena ha hecho durante estos cuatro años. Ahora bien, el anhelo de Pedro Sánchez (en la imagen) por convertirse en presidente del Gobierno y roza lo patológico. Resulta que Albert Rivera -lo que Alfonso Guerra calificaría como un mariposón- ha lanzado dos mensajes en 24horas:
  1. Si se marcha Rajoy, Ciudadanos pactará con el PP.
  2. Sánchez no tiene por qué ser el presidente del Gobierno. Puede haber una gran coalición de PP, PSOE y Ciudadanos, presidida bien, por mí mismo o bien por un independiente.
Ahí llegó la rabieta del inefable Sánchez. ¿Cómo? ¿Me dejas por otro? No será verdad: yo no discuto por cargos, salvo por el mío de presidente; yo no interpongo líneas rojas -salvo la de que el presidente soy yo y sólo yo-; yo no pongo vetos -salvo al PP, que es el partido más votado-. En cualquier caso, de pronto, Sánchez vira a la izquierda y se re-amanceba con Pablo Iglesias. ¡Te vas a enterar, Rivera, más que Rivera! Estamos ante un juego de egos muy adolescente, jugado por adultos, donde no hay otros principios sino finales -sólo ambición- y donde los valores en juego deben ser valores bursátiles, los de la plusvalía inmediata, en forma de cargos. Que Sánchez se re-amancebe con Iglesias y despida a Rivera porque éste busque otro presidente ante el fracaso del pasado viernes, pues oiga, no parece que se haya hecho mirando al tendido. Eulogio López [email protected]