• El orgullo técnico muestra sus vergüenzas, aunque la soberbia de tecnólogos y científicos continúa intacta.
  • No es que la máquina no tenga sentimientos, es que no tiene ideas: sólo hace las cosas más deprisa que el hombre.
  • Curiosamente el culpable mayor, Intel, apenas se derrumba en bolsa. Al menos por ahora.
  • Todo los aparatos más utilizados, sobre todo, ordenadores y móviles, pueden verse afectados. Y desde hace años.
  • En cuanto a los drones, ¿qué se gana con prohibir los drones asesinos? ¿Que no haya asesinatos con drones? ¡Venga ya!
  • Háganme caso: volvamos a la ley natural, es decir, a la ley moral.
  • Es la única forma de salir del infierno tecnológico creado por el orgullo humano. Lo que llamamos IA.
Nos hemos vuelto todos majaretas: microprocesadores rotos, que pueden convertir el mundo en una selva, y creadores de drones que exigen a los políticos la ilegalización de los drones asesinos. La inteligencia artificial no existe, la moral artificial tampoco. Pero como no nos metemos esto en la cabeza, seguimos diciendo "grossem chorradem". Y así, resulta que toda nuestra venerada tecnología se basa en el chip de silicio, un aparatito que creó la sociedad de la información con sus dos piernas: informática y telemática. Y esto por la capacidad del chip para almacenar información y trasmitirla a gran velocidad. Que eso, y no otra cosa, es la sociedad de la información y la tecnología. Y ahora resulta que hay una grieta de seguridad en el chip, en el corazón de nuestra tecnología: en otras palabras, que esa información, ese chip, es propiedad de alguien (la propiedad virtual debería ser exactamente igual que la propiedad física, sobre todo cuando hablamos de información), pero si Intel y sus copiadores de microprocesadores, han dejado una puerta trasera abierta alguien se puede colar y hacerse con tu propiedad con tu información… y es entonces cuando todo se viene abajo. En resumen, chips rotos y drones asesinos: el orgullo técnico muestra sus vergüenzas. Nuestra estrella científica, el chip, falla más que una escopeta de feria. Nos pusimos en sus manos y ahora estamos en manos de los piratas. Eso sí, la soberbia de los tecnólogos continúa intacta. De hecho, Intel ha sufrido una ligerísima corrección bursátil y otros fabricantes (plagiadores de Intel, el gran metepatas) incluso han subido. A final, han recurrido a parchear la rueda pinchada con el consiguiente coste para el consumidor (es la solución que se les ocurre). Encima, se han dado cuenta de su error con años de retraso, cuando sus chips marrados ya habían infectado una buena porción de todos los aparatos que utilizamos cada día, como los teléfonos o los ordenadores. Menos mal que existe la inteligencia artificial: ¡Y un jamón de mico! La inteligencia artificial no existe, sólo existe la inteligencia que Dios ha creado en el hombre, que es de lo más natural. No es que la máquina no tenga sentimientos, es que no tiene ideas, sólo hace las cosas más deprisa que el hombre. Y encima falla… porque el hombre falla, no fue creado perfecto. Y respecto a los drones asesinos, el asunto es más cachondeable. Ahora resulta que los fabricantes de drones exigen a los políticos que prohíban los drones asesinos. Mirad campeones: vosotros fabricasteis los drones que surcan el cielo sin que nadie pueda verlos. Otros hombres hicieron las armas, pero sólo un tercer hombre, cualquier hombre, es capaz de la mala leche necesaria para unir a ambos para matar al vecino. ¿Se evitó el asesinato de Abel a pesar de la prohibición ética? ¿Alguna ley o prohibición ha evitado los cientos de homicidios que se perpetran en el mundo cada día? Háganme caso: volvamos a la ley natural, a la ley moral. Es la única forma de salir del infierno tecnológico. porque la tecnología es buenísima en sí misma, siempre que, no la tecnología, sino el hombre que la creó, esté al servicio del hombre y no de su propia vanidad científica. Eulogio López [email protected]