• Monseñor Juan José Aguirre está a cargo, entre otros proyectos, de la escuela San Juan Bautista de Zemio.
  • En dicho lugar, hay 1.100 alumnos de distintas religiones que conviven en armonía, gracias a la colaboración de Infancia Misionera.
  • En concreto, aporta ayuda económica para mantenimiento del centro, programa de huérfanos por SIDA y sensibilización.
  • Es una obra de toda la Iglesia, cuyo objetivo es que los niños ayuden a niños de los territorios de misión y celebra su Jornada el 24 de enero.
  • Los niños alemanes, españoles y australianos, los más solidarios: aportaron la mitad de los fondos.
  • Con Infancia Misionera, la Iglesia fue pionera en la defensa de la infancia: nació en 1843, 80 años antes de la Declaración de los Derechos del Niño de Ginebra.
El próximo domingo, 24 de enero, la Iglesia celebra la Jornada de la Infancia Misionera, obra de la Iglesia que se enmarca en las Obras Misionales Pontificias (OMP) y en la que los niños prestan su ayuda a los de los territorios de misión. Uno de los proyectos con los que colabora es la escuela San Juan Bautista de Zemio, situada en la República Centroafricana. Por ello, Hispanidad ha conversado con el misionero español y obispo de Bangassou, Juan José Aguirre (en la imagen), ya que está a cargo de dicha escuela, entre otras iniciativas. El proyecto de la escuela de San Juan Bautista surgió alrededor del año 2008 en Zemio, una región bastante alejada. Por entonces se estaban instalando muchos musulmanes tras los problemas políticos del país y era necesario que los niños pudieran tener una educación. Así, nació y hoy cuenta con 1.100 alumnos de distintas religiones que conviven en armonía. "Niños católicos, protestantes y musulmanes conviven desde la infancia, crecen y juegan juntos, así, de mayores tendrán una mentalidad más tolerante y abierta", afirma monseñor Aguirre, que lleva 35 años en el país africano. Esto es muy importante, además en la escuela intentan que haya una clase de religión, en la que invitan a un imán, a un pastor protestante y a un sacerdote católico. Así, los alumnos pueden conocer "la manera de hacer y de actuar de cada confesión religiosa". "El conocimiento ayuda a la tolerancia", añade. El obispo de Bangassou también ha destacado la colaboración de Infancia Misionera, que envió 21.000 dólares a su diócesis, la cual los niños agradecen en esta página. Una ayuda económica que sirve para: el mantenimiento del centro (bancos, pintura, material escolar,…), un programa de huérfanos por SIDA -virus que afecta al 12% de la población- y a sensibilización en favor de Infancia Misionera. Esto último tiene como objetivo que los niños de allí "conozcan la situación de otros países, así salimos de nuestro propio ombligo", subraya monseñor Aguirre. Las hermanas franciscanas de la Inmaculada Concepción, orden originaria de México, es la que está al frente de la citada escuela. Aunque en estos momentos, las hermanas que allí se encuentran proceden de Perú. El proyecto escolar aborda la Primaria y la Secundaria, pero hay otras iniciativas fuera de Infancia Misionera que llegan hasta la etapa universitaria. Respecto a la situación de República Centroafricana, el obispo de Bangassou señala que han vivido "tres años de infierno en los que el grupo radical musulmán nos ha hundido en el fango". Recuerda que la visita del papa Francisco arrojó "algo de luz", pues se produjo en plena refundación del Estado. De hecho, ahora están "entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones". "Esperemos que la cosa termine bien", añade. Pero Infancia Misionera no sólo ha financiado la escuela de San Juan Bautista de Zemio, sino otros muchos proyectos gracias a la ayuda de los niños. En concreto, los alemanes, españoles y australianos fueron los más solidarios, pues aportaron la mitad de los fondos (47,5%). En concreto, los niños de Alemania aportaron 3,5 millones de dólares (3,2 millones de euros); los de España, 2,7 millones de euros y los de Australia, 2,3 millones de dólares (2,1 millones de euros). Conviene subrayar que con Infancia Misionera, la Iglesia fue pionera en la defensa de la infancia. Esta obra nació en 1843, gracias al obispo Carlos Augusto Forbin-Janson, que quiso movilizar a los niños cristianos a favor de los niños pobres, primero de China por dramáticos testimonios que le habían llegado, y, poco después, de todas las misiones. La iniciativa llegó a España en 1852, se adelantó 80 años a la Declaración de los Derechos del Niño de Ginebra, que se produjo en 1924, y un siglo a UNICEF, que nació en 1946. Cristina Martín [email protected]