• El único país europeo dispuesto a arrestar a los directivos da marcha atrás porque el HSBC está dispuesto a colaborar.
  • Al parecer, los políticos no se atreven con los defraudadores: la lista es muy amplia (¿quiénes están?) y hay demasiados poderosos.
  • Para economistas de prestigio, el peligro está en un banco del tamaño del HSBC, demasiado grande para domesticar.
  • Pero son los mismos gigantes bancarios (que defraudan) los que defienden su papel sistémico global para que las economías funcionen.
  • Falciani funciona ya como una estrella del rock, de plató en plató: ahora dice que hasta la CIA conocía el fraude masivo.
  • Dice también que el Gobierno británico tiene “una pequeña parte de la información del HSBC", con sede en Londres.

No temblarán las estructuras financieras mundiales por el escándalo del fraude fiscal masivo en la filial suiza del británico HSBC. En este punto coinciden economistas de prestigio a los que ha consultado el diario Le Monde. Todos ellos aciertan en la misma tesis: cuando algo se ha hecho demasiado grande, y el HSBC lo es, sin duda, es muy difícil de domesticar, por muy graves que sean las acusaciones que pesen sobre él. Hasta ahora, son varios los países que han anunciado investigaciones a fondo para conocer y sancionar las conductas bancarias irregulares, entre ellos Francia, Estados Unidos o Gran Bretaña (se juegan sus impuestos). En ese último, el caso es más sangrante porque el director del HSBC hasta 2010 fue ministro de Comercio de Cameron hasta 2013, lo que abre serios interrogantes sobre la complicidad del poder financiero y el poder político. Y entre todos esos países, sólo uno, Bélgica, había dado un paso al frente para frenar ese 'todo vale' en las trampas para evadir impuestos. Había anunciado, incluso, la orden de detención de directivos antiguos o actuales del HSBC. Pero ya ha dado marcha atrás. Lo anuncia la BBC: El juez belga encargado del caso ya ha retirado la amenaza de arresto después de que el HSBC accediera a 'colaborar' con la investigación a su filial suiza. ¿Qué esperan que dijera el HSBC?

Este es, por tanto, el panorama, que dibuja, cómo no, un más que sospechoso juego de complicidades. La lista de defraudadores poderosos es muy amplia y podría poner en jaque a más de un gobierno. Pero el problema, a la postre, no está en un banco, sino en un sistema financiero agrietado, cuyo engranaje -financista, especulativo- está en la médula de su funcionamiento. HSBC es en estos momentos el símbolo de los abusos, pero el esquema no varía respecto a los otros grandes, capaces de las mayores tropelías, eso sí, defendiendo su papel en la necesaria financiación de las economías. Los incidentes no son aislados, ni los delitos tampoco, ni los ámbitos de actuación. En ese saco cabe todo: blanqueo de dinero, manipulación de los mercados, productos tóxicos… y ahora, como quien no quiere la cosa, evasión fiscal. Por no hablar de fenómenos más preocupantes, como los que ha puesto al descubierto la prensa suiza: la complicidad del HSBC con grupos criminales para ocultar el dinero en paraísos fiscales. ¿Es posible que hasta el secreto bancario suizo tenga los días contados?

Le Monde ha hecho su propia encuesta, preguntando a economistas de prestigio como Gabriel Zucman, de la London School of Economics; a Thierry Phillipponal, experto en regulación y miembro de la Autoridad de los Mercados Financieros, o a Peter Hahn, de la Cass Bussines School de Londres. En los tres casos, las respuestas son desoladoras, utilizando un término amable.

Para el primero, Zucman, "el tamaño induce a conductas peligrosas", al mismo tiempo que se cree poderoso y protegido por los Estados. A su juicio, así se explica "el sentimiento de impunidad" con el que han actuado los grandes banqueros en la historia reciente.

En la misma línea, Philipponat se cuestiona incluso si esos gigantes bancarios son capaces de controlar a su propia gente. ¿Qué pasa cuando en una plantilla de 300.000 profesionales, hay un 4% ó 5% que son deshonestos? Muy pesimista, advierte que en ese caso, los bancos hacen lo que está de su mano para burlar la ley, sobre todo cuando cabalgan, como el HSBC, entre continentes, Asia, Europa o Hispanoamérica, con regulaciones distintas. Está claro, insiste, en que es necesario "fortalecer las normas y acabar con los vacíos legales en la regulación". Ahora bien, ¿no saltaron todas las alarmas, digo yo, también con la última crisis financiera y se habló hasta la saciedad de una necesaria reformulación del capitalismo? Las cosas, desgraciadamente, están donde estaban y el escándalo del HSBC es uno más entre los tantos en lo que la meta es tan turbia como la codicia.

Peter Hahn plantea la necesidad de establecer un sistema global de intercambio automático de datos fiscales de los contribuyentes. Algo en ese sentido se proponía plantear desde el G-20 para frenar un fraude a escala global, pero como no incida en la importancia de la ética y la conciencia, estamos apañados.

Y mientras tanto, Hervé Falciani, que de héroe tiene poco, sigue 'largando' como una estrella del rock de medio pelo. Grabó en discos compactos lo que ahora se va conociendo a cuenta gotas cuando trabajó para el HSBC en su sede de Ginebra, antes de rendir cuantas ante la Justicia francesa. A Le Parisien le dijo que "lo que ahora sabemos es sólo la punta del iceberg" o le ha contado al diario italiano Il Sole 24 Ore sus simpatías con Podemos o Syriza. Pero las declaraciones siguen. Este jueves ha apuntado a la cadena de televisión Sky News que los investigadores británicos han recibido sólo una "pequeña parte de la información del HSBC" y a otra cadena, la BFMTV, que hay países más valientes que Francia que han utilizado a sus servicios de inteligencia para acceder a los datos cifrados de la banca. Falciani, una 'bomba de relojería' en fin, tiene también "la firme convicción" de que la CIA ha estado investigando.
Pero nada cambiará y si no el tiempo.

Rafael Esparza

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