• Cuando se pidieron firmas a favor de los imputados, hubo quien recordó la magra recogida de firmas por Busquets y Sánchez.
  • Luis Lorenzo (FGD) aspira a la Dirección de Inspección, bajo la bandera del máximo rigor con las entidades.
  • Enfrente, el herrerista Javier Del Río… que no está de acuerdo con Busquets y Sánchez.
  • En banca dicen que para ser un buen confesor has debido ser antes un buen pecador.
Cuando la Audiencia Nacional imputó al ex subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, así como al director general de Inspección, Mariano Herrera y a su segundo, Pedro Comín, la inspección bancaria se quedó sin gente. Un cargo que nunca ha estado vacante más de 48 horas lleva ya días. Y es que el caso Bankia ha roto el Banco de España hasta degenerar en guerra civil abierta. Por ejemplo, el inspector Javier Del Río, aspirante a la dirección General de Inspección, pide firmas a sus compañeros en solidaridad con los jefes imputados. Pero el cuerpo no está por la labor: le recuerdan que los jefes no giraron cuando se pidieron firmas para Busquets y Sánchez, los dos famosos inspectores que hicieron el informe para el juez Fernando Andreu… en el caso Bankia. Más madera… es la guerra. Total. Que ahora hay dos aspirantes a la dirección general de Inspección de la entidad aproximadamente supervisora (lo que le dejan en Francfort): el mencionado Javier Del Río. Pongamos que es próximo al PP. Frente a él, el duro de Wisconsin. A sus 67 años, Luis Lorenzo (Luilo) dirige el Fondo de Garantía de Depósitos, tras esa mezcla de gestión pública privada que se ensayó en la aseguradora de bancos, hoy con las arcas vacías. Es un duro, pongamos que socialista, interesado en golpear a los banqueros sobre los que siente un cierto resentimiento proletario. Y lo peor: tiene en contra a los que han trabajado con él en el FGD, sobre todo, a los provenientes del sector privado, de los bancos. En definitiva, dicen que como buen inspector sabe de normas pero no de bancos. Ya saben, para ser un buen confesor no es mal entrenamiento ser un buen pecador. Y Loilo, con una carrera en el Banco de España, sin pisar por el sector privado, no ha tenido tiempo para pecar. Eulogio López [email protected]