• Una Merkel ensoberbecida, dijo 'no', el miércoles, a la rendición griega.
  • Juncker, el vocero de la canciller, insinuó el viernes que negociarán el tercer plan con otro Gobierno griego. Una intromisión que no se atrevería a perpetrar con Francia, Italia u Holanda.
  • Pero los culpables del desastre griego son dos: Atenas y la intransigencia de Berlín.
  • Y la chulería y necedad de los neocom de Syriza hizo el resto.
  • Ahora, lo más tremendo es que el BCE no amplíe -y no lo hará- la liquidez a los bancos griegos.
  • Y en Grecia ya no se admiten las tarjetas como medio de pago.
Lo de Grecia empezó siendo sainete y va camino de tragedia. Lo más importante es el corralito, porque es donde los griegos están pagando la chulería de su primer ministro, el neocomunista Alexis Tsipras y la soberbia de la canciller alemana Angela Merkel (ambos en la imagen). El viernes 25 de junio, cuando parecía pronto el acuerdo, Tsipras sufre un ataque de orgullo Podemos y se retira de la mesa de negociaciones al tiempo que convoca un referéndum. En Bruselas no se lo pueden creer: faltan pocos días para que el martes 30 de junio venza el segundo plan. La mañana del miércoles, Tsipras envía una carta a su acreedores con la rendición. Bueno, rendición a la griega. El final de la misiva asegura que pagará sus deudas, "siempre que pueda". Pero en cualquier caso, el fiero Tsipras agacha las orejas y pide árnica. Y ahí es donde surge la soberbia infinita de Berlín. Con un François Hollande dispuesto a atender la misiva, la canciller alemana dice que por encima de su cadáver. ¿No querías referéndum listillo? Pues ahora vas atener referéndum. De inmediato, todos los países se cuadran -también Mariano Rajoy- y apoyan a Alemania. Esperarán al referéndum. Pero, además, se va cuajando algo más, algo que se concreta en la intervención del del vocero de Merkel, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien, elegante como es él, asegura que la renegociación de un tercer tratado a lo mejor se hace con otro gobierno griego. Una injerencia política que no se habría atrevido a perpetrar con Francia, Italia u Holanda. Con Grecia sí. Y es bueno echar al neocom (neocomunista) Tsipras, pero esos no pueden ser los medios. Además, la Troika sabe que un nuevo programa tardaría meses en estar activo y que el corralito griego no puede aguantar ni una semana más. Y ese es el problema, que Europa liquida a Tsipras, pero en el rostro del pueblo griego. Por si no había quedado claro, el Banco Central Europeo, otro vocero de Alemania, es decir, de Merkel, aplica el artículo 33: no se puede ampliar la línea de crédito a los bancos griegos. Se mantiene la que hay, pero esta no da ni para pipas. En Atenas, los pensionistas han cobrado 120 euros y escuchan como Varoufakis, otro irresponsable, asegura que los bancos estarán abiertos el martes. Él sabe que eso no es posible. En otras palabras, en Europa esperan la dimisión de Tsipras y la formación de un Gobierno, dócil, de salvación nacional. Con un argumento cierto, por otra parte, como recuerda el ministro español Luis De Guindos, con los neocomunistas de Syriza en el poder, la economía griega, que empezaba a despuntar se ha hundido de nuevo. Sólo le faltó añadir: lo mismo que le pasaría a España con el señor Pablo Iglesias. Eulogio López [email protected]