• Los resultados de las grandes energéticas se encuentran ante un riesgo que habrá que diversificar: el riesgo climático.
  • GNF sigue manteniendo un endeudamiento alto aunque estable.
  • Lo mejor es la cifra de negocios, que aumenta casi un 8%.
  • El gran éxito de la subasta de renovables ha sido para Cobra (ACS).
  • En cualquier caso, el reto sigue siendo el mismo: descarbonizar pero sin subvenciones públicas.
Posiblemente, Donald Trump sitúe por delante del cambio climático los intereses de las grandes corporaciones empresariales. O quizás considera que los Acuerdos del Clima de París sean demasiado para el tejido empresarial. No obstante, es cierto que los resultados de las grandes energéticas se encuentran ante un riesgo que habrá que diversificar: el riesgo climático. Las menores precipitaciones a lo largo del año han supuesto una losa importante en la cuenta de resultados del negocio eléctrico con una caída de la producción hidráulica en más de un 77%. Y esto, sin duda, sólo se puede gestionar si se aplica una política energética coherente, en la que el uso de fuentes alternativas a los combustibles sólidos se gestione en un ambiente de libre competencia sin necesidad de acudir a una pléyade de subvenciones a cargo de los contribuyentes. Sólo así seremos capaces de acabar con la era del petróleo, con costes de producción de energía alternativa competitiva en precios y distribución y con una mejora del clima del planeta, algo imprescindible. La verdad que esto sería fácil si no fuera por la costumbre de que los ministros jubilados acaben en los consejos de administración de las energéticas, pero bueno, este es otro tema. Lo que sí es cierto es que el éxito moderado en la subasta de fotovoltaicas de Gas Natural (250 MW, según ha comunicado la compañía) ayudará de manera determinante a la evolución del negocio en el futuro, asumiendo el reto del desarrollo de un modelo de actividad importante en el tiempo. Curioso en este terreno el lanzamiento en masa de ACS en este mercado a través de Cobra. Se ha llevado 1.500 de los 3.000 megavatios (MW) en juego, que después se han ampliado a 5.037. Toda una sorpresa con evidentes consecuencias a medio plazo. Una subasta, en la que al igual que en la realizada en mayo, se ha ido al mínimo descuento, rechazando cobrar cualquier incentivo siempre que el precio mínimo del 'pool' supere los 42 euros/MW (algo que, en opinión de diversos expertos del sector, no va a ser necesario porque estiman que el precio del 'pool' estará en torno a 50 euros). En este sentido, los datos contables a cierre de junio de 2017 evidencian que Gas Natural Fenosa (GNF) no es inmune al entorno. El beneficio neto del primer semestre de 2017 ha quedado fijado en 550 millones de euros, con un descenso del 14,7%. Parte importante de esta reducción proviene de su resultado de explotación, con una reducción de su Ebitda del 11,4%, hasta los 2.176 millones de euros, lo que demuestra la sensibilidad de sus resultados en la parte alta. Eso sí, gana 550 millones de euros por el impulso internacional. Aspecto adicional a considerar son las dotaciones a amortizaciones y pérdidas por deterioro hasta el 30 de junio de 2017, que han ascendido a 843 millones, registrando una disminución del 2,9% respecto al año anterior principalmente por la extensión de la vida útil de las centrales de ciclo combinado, de 25 a 35 años. Este cambio de estimación no sabemos si es o no buena idea, por la extensión de su vida económica, algo que evidencia la lentitud en la muerte del modelo actual. No obstante, resulta interesante la evolución del importe neto de la cifra de negocios en el primer semestre, que ha alcanzado los 12.283 millones y ha aumentado un 7,7% respecto al año anterior, debido, básicamente, al incremento de los volúmenes y precios de venta de la actividad de gas en comparación con los del mismo período de 2016, así como a la evolución de los tipos de cambio. La diversificación de actividad resulta determinante en el funcionamiento del grupo. En esta línea, el resultado financiero evidencia una reducción de las cifras negativas del mismo periodo del ejercicio anterior con un valor final de -347 millones de euros, frente a los -415 previos. Desde el punto de vista del balance, la ratio de endeudamiento se sitúa en el 46,4%,  ligeramente superior al de 2016, que se situaba en el 45,7%. Por su parte la ratio deuda financiera neta/Ebitda queda fijado en 3,4 veces, cifras similares a los datos del ejercicio. Por su parte realizó inversiones de 737 millones de euros, lo que implica un incremento del 17,2 % respecto al mismo periodo de 2016, centradas de manera importante por el aumento de las inversiones tanto en distribución de gas como de electricidad en Iberoamérica, así como en el negocio de electricidad. Todo ello reporta un equilibrio patrimonial adecuado para el reparto de dividendos comprometido por la entidad, con un elevado pay-out del 74,3%, para un total de más de 1.000 millones a repartir durante el ejercicio, un euro por acción. Al menos, algo de la gestión del riesgo climático revierte en los accionistas, llenando en alguna medida los bolsillos de los propietarios. Habrá que ver si Donald tiene participaciones. Rodrigo de Silos [email protected]