• Sin embargo, ante el anunciado plan de infraestructuras del Gobierno brasileño (64.500 millones de dólares), las empresas españolas se muestran cautas.
  • Y es que falta por ver cuántos proyectos se materializan y, sobre todo, cuáles serán las condiciones para recuperar una inversión que no será pública.
  • Además, según Margallo, los anteriores desencuentros diplomáticos se han superado.
El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García-Margallo (en la imagen), se encuentra de visita en Brasil, con el objetivo de apoyar y alentar la presencia de las empresas españolas en el país carioca. De hecho, la mayoría de sus contactos han sido con el mundo de los negocios: en São Paulo se ha reunido con la Cámara de Comercio de España en Brasil y ha almorzado con un grupo de empresarios brasileños en la sede del Banco Santander, informa El País. Brasil es el primer destino de las inversiones españolas en el exterior, solo por detrás del Reino Unido, con un saldo acumulado de 70.000 millones de euros y un monto de 4.000 millones en 2014 que podría superarse este año, tras la compra por Telefónica de la compañía GVT al grupo francés Vivendi, por 4.665 millones de euros más un 12% del capital de la filial local de la multinacional española; o el interés del Santander por hacerse con la red en Brasil del banco británico HSBC. A ello se suman, entre otras, las cuantiosas inversiones de Repsol, aliada con la china Sinopec, en el sector de los hidrocarburos, recuerda El País. Sin embargo, ante el anunciado plan de infraestructuras del Gobierno brasileño, por valor de 64.500 millones de dólares, las empresas españolas se muestran cautas. Aunque muchos de los proyectos previstos (redes ferroviarias, aeropuertos, puertos, autopistas) resultan atractivos, falta por ver, según los expertos, cuántos se materializan y, sobre todo, cuáles serán las condiciones para recuperar una inversión que no será pública, sino a través de créditos del banco local BNDES. En cualquier caso, los negocios se ven facilitados por una sintonía política antes inexistente. Según Margallo, los anteriores desencuentros –Brasil no votó a favor de la candidatura española al Consejo de Seguridad de la ONU—se han superado y las relaciones atraviesan ahora un momento dulce. Brasil, aunque es la principal potencia económica de Suramérica, no pasa su etapa más boyante. El país está sumido en plena recesión, con una previsión de caída del PIB de al menos el 1,2% este año, una inflación desbocada del 8,5% y un déficit superior al 6% que se quiere embridar con un severo ajuste presupuestario. Andrés Velázquez [email protected]