• En esa violencia tienen mucho que ver las maras -bandas criminales-, en connivencia con terratenientes con monocultivos de palma africana y caña de azúcar.
  • Los chicos son forzados a pertenecer a ellas o a morir en sus manos.
  • Por eso, huyen: tan solo en tres meses, 36.000 niños hondureños se dirigieron solos a EEUU y 15.000 están a la espera de ser repatriados.
EEUU anunció a principios de junio del año pasado una crisis humanitaria en su frontera con México cuando contabilizó que en diez meses había detenido a más de 47.000 menores solos que pretendían cruzar de modo ilegal sus fronteras. La cifra más reciente, de agosto, ha ascendido a 65.000 y de este total, 18.000 chicos provienen de Honduras, informa Swissinfo.

Los miles de niños que han intentado huir hacia los Estados Unidos representan apenas la punta del iceberg de la situación de violencia impune, pobreza extrema y extorsión en Honduras, el país con la tasa más alta de homicidios del mundo.

"Tan solo en tres meses, 36.000 niños hondureños se dirigieron solos a EE.UU. y 15.000 están a la espera de ser repatriados. Salen por la situación de violencia", subraya Marco Antonio Pérez, de la red COIPRODEN de los derechos de la infancia y la juventud. Baste decir que unos 4.000 niños y jóvenes menores de 23 años han sido asesinados de 2010 a la fecha en su país.

El informe de la ONU sobre homicidios, publicado este 2014, dio a conocer que la tasa hondureña de asesinatos -90,4 homicidios por 100.000 habitantes- es la más alta del mundo, antes que la de Venezuela, Belice, El Salvador y Guatemala. Tras la publicación de este informe, las autoridades del país dejaron de proporcionar datos que son esenciales para mantener el rigor de las cifras de homicidios que reúne y publica el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Y en toda esa situación de violencia, las maras -bandas criminales- tienen mucho que ver, como la Mara Salvatrucha y la Mara 18. Creadas en la ciudad estadounidense de Los Ángeles, las 'maras' se extendieron por México y Centroamérica, donde se disputan a muerte el control de la venta de drogas, armas y las extorsiones en los territorios.

Si bien la criminalidad de las pandillas y las historias de chicos forzados a pertenecer a ellas o a morir en sus manos ha sido el alimento predilecto de buena parte de los medios de comunicación locales e internacionales, sus delitos, impunes, son apenas una de las aristas de las violaciones a los derechos humanos que en ese país se comenten, subraya Daniel Langmeier, miembro del Foro Honduras Suiza (HFS).

"Estas violaciones, en las que también las primeras víctimas son los niños y que se dirigen substancialmente contra la población más pobre, están a la orden del día", lamenta.

Aquellos que ocupan los servicios de estos grupos armados son, sobre todo, terratenientes con monocultivos de palma africana y caña de azúcar. Una historia conocida de antaño en el istmo, donde los latifundistas han frenado toda reforma agraria que les afecte. Pero la situación se ha agravado en los últimos años, tras el golpe de Estado de 2009, comenta Marco Antonio Pérez: "En varias zonas del país se han registrado docenas de asesinatos durante operaciones de desalojo en zonas como el valle del Bajo Aguán. Mujeres y niños sufren de esta violencia. Se queman escuelas y casas", advierte el emisor del Informe Alternativo de la situación de la niñez hondureña, entregado a finales de septiembre al Comité sobre los Derechos del Niño (CDN) de la ONU, en Ginebra.

Andrés Velázquez
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