• Están pagando el pato de su inversión en paneles solares, caros e ineficientes, impulsados en la etapa de Zapatero.
  • Eduardo Montes (Unesa) se queja de que el consumidor tenga que soportar el coste de las energías verdes.
  • La inversión en fotovoltaica se planteó en "un momento de inmadurez absoluta, a un coste que hoy sería una sexta parte".
  • Un 15% de esos inversores en solar paga con dificultad a la banca y todos han tenido que refinanciar o aportar recursos.

No ha terminado aún el desaguisado de las energías verdes -fotovoltaica, termosolar y eólica- que impulsó el Gobierno de Zapatero. Los efectos los han notado sobre todo los consumidores por su impacto en un déficit de tarifa debido a las cuantiosas subvenciones. Ahora, tras la reforma energética del ministro Soria, tampoco está siendo un buen negocio para los productores. Las empresas han tenido que plegar y buscarse la vida fuera para mantener ese negocio. Incluyan ahí a la triple A: Acciona, ACS y Abengoa, expertos en hacerse millonarios a base de ayudas. Y a eso se añade, paradójicamente, el caso de los pequeños y medianos inversores en energía fotovoltaica, a los que la reforma les ha pillado con el paso cambiado y sin la capacidad de los grandes para afrontar la situación. El 36% de ellos está en rentabilidad negativa, según una encuesta realizada por la Asociación Nacional de Inversores en Energía Fotovoltaica (Anpier).

Del desaguisado de las energías renovables se vuelve a hacer eco este lunes Eduardo Montes, presidente de la patronal eléctrica, Unesa. En una entrevista en el diario El Mundo, culpa directamente del elevado precio de la luz "a unos costes de política energética muy importantes, que son la mitad del precio final". Y puntualiza: "Si nos empeñamos en meter una cantidad inmensa de energías renovables en un momento de inmadurez absoluta, a un coste que hoy sería una sexta parte, lo debería pagar el presupuesto de I D, y no el consumidor". Es lo que ha intentado paliar la reforma energética, pero eso, sólo paliar: se han reducido las primas (las ayudas), pero no las preasignaciones. Es decir, las plantas eólicas o fotovoltaicas se siguen construyendo y siguen produciendo.

En este contexto hay que enmarcar el último estudio Anpier, que agrupa a más de 5.000 productores e inversores de energía solar fotovoltaica. La asociación ha hecho un estudio entre productores y concluye que un tercio de ellos tienen rentabilidades negativas y una parte importante de ellos sufre un "escenario financiero demoledor". Anpier culpa de ello directamente a reforma energética, aunque calla que no se puede subvencionar a una energía cara e ineficiente en términos de coste. En suma, esas energías ya no gozan de las ayudas de antaño y la rentabilidad es muy difícil, teniendo en cuenta que los paneles eran muy caros en el momento en los que se instalaron.

Intencionadamente, Anpier informa de que el pequeño y mediano productor que invirtió su dinero en esos paneles anteponía la seguridad a la rentabilidad y que el 60% de ellos lo hizo por "una motivación ética".

Las conclusiones van más allá: un 15% de esos inversores adeuda mensualidades a la banca, el 80% tiene presentadas garantías hipotecarias y la práctica totalidad de ellos ha tenido que refinanciar o realizar aportaciones con recursos propios. Sólo un 3% de los encuestados ha obtenido el 7,5% de rentabilidad anual.

Pero hay que decirlo todo. Si Soria no hubiera corregido los excesos de la política de Zapatero, el coste para los españoles sólo de los fotovoltaicos -panes solares- hubiera ascendido a 75.000 millones durante 25 años prorrogables.

Rafael Esparza

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