• En los dos casos la 'experiencia', que culmina con la venta de sus activos a la transalpina ERG por 950 millones, ha sido fallida.
  • A la italiana le viene bien en su estrategia de pasar de petrolera a una empresa especializada en energía renovable.
  • Y a la alemana no le ha quedado otro remedio en su otra estrategia de centrarse en su país y el Este y evitar aventuras.
La eléctrica germana E.ON culminó este mismo año la salida de España y Portugal con la venta de todos sus negocios en los dos países a Macquarie. Era el primer paso, trazado desde 2014, para escapar del sur de Europa, una aventura que le ha dado más problemas que alegrías. Era sólo cuestión de tiempo que anunciara lo mismo en Italia y ese día ha llegado, este viernes, con la venta al grupo transalpino ERG de su activos en ese país por 950 millones de euros. Para ERG es un paso más en su estrategia de transformación de antigua petrolera en empresa especializada en energía renovable. Para E.ON significa la capitulación de su incursión en el sur europeo, donde se ha hizo relativamente fuerte, con un balance desigual. Las pérdidas aumentaban, la demanda de energía no aumentaba -en contra de su previsión- y emprendió el camino de las desinversiones. En España intentó hacerse en 2006 con Endesa y le salió mal, como también, a la postre, a la propia Endesa, primero en manos de Acciona y Enel, y ahora en manos de la pública italiana y privada de sus principales activos (Enersis). Dos años más tarde, en 2008, se hizo con Viesgo, en manos de Enel y compararon las centrales de Los Barrios y Tarragona. Y todo eso es lo finalmente tuvieron que vender este año. La operación en Italia, valorada en 950 millones de euros, incluye 16 plantas hidroeléctricas, una estación de bombeo, varias presas y embalses y 155 kilómetros de canales y túneles. En Italia, no obstante, mantendrá y desarrollará su negocio de venta de electricidad y gas, para abastecer a unos 700.000 clientes. Es cuestión de tiempo que capitule también ahí. Rafael Esparza [email protected]