• El presidente quiere agotar la legislatura y retirarse. Estamos ante un cambio de ciclo.
  • El gallego considera a Albert Rivera un peligro pero, sobre todo, siente las críticas en su propio partido.
  • No organizará su propia sucesión, pero…
  • A Mariano sólo le interesa que su sucesor no levantará las alfombras.
  • Y sólo Soraya le asegura eso, aunque también exige celeridad.
  • La derecha española ha dejado de ser un partido, incluso tampoco es ya una maquinaria de poder. Sólo un conjunto de ambiciones.
Decíamos ayer que Mariano Rajoy prepara una crisis de Gobierno para cuando haya presidente en la Generalitat. Pero ojo, las mismas fuentes monclovitas y genovesas aseguran que el presidente anda nervioso, algo extrañísimo en él. Con el recurso preventivo ante el Tribunal Constitucional, Soraya se enfrentó al Consejo de Estado, a todos sus compañeros de Gabinete y hasta al propio Rajoy. Pero ganó Soraya  al TC forzando todo lo forzable; había prohibido la investidura de Puchi (¡Pobre Puchi!) de forma preventiva. Al final, Soraya siempre gana aunque en todo el Ejecutivo no hay quien le aguante, sólo le temen. Pues bien, Rajoy empieza a cansarse de estar en el proscenio y por vez primera a pensar en la retirada. No porque le asuste el fenómeno Albert Rivera, que sí que le asusta, ni porque tenga buena opinión de su capacidad (sería cosa de mucha risa) sino porque considera que, en efectivo lo que marcan las encuestas vía Cataluña no es una broma. Rajoy, según sus próximos, no tiene la menor intención de planificar su sucesión. Bueno sí, pretende terminar la legislatura para retirarse tras ocho años de mandato, casi nueve, y con una sola condición. Que su sucesor no le saque los colores, no le levante las alfombras. Para eso no sirve Núñez Feijóo, para eso sirve Soraya. Pero ojo, que la vice tiene prisa: no quiere esperar una legislatura, no vaya a ser que para entonces no haya presidencia vacante para un miembro del PP. A alguien tan amoral como la vicepresidenta sólo le interesa lo más eficaz… para sus ambiciones. Y todo esto es bello e instructivo porque revela algo más importante que la sucesión de Mariano Rajoy: revela que la derecha española ha dejado de ser un partido, incluso tampoco es ya una maquinaria de poder. Sólo un conjunto de ambiciones. Eulogio López [email protected]