• Rajoy y Soraya se enrocan e imponen la mordaza en Génova y en Moncloa.
  • La vicepresidenta aprovecha la rueda de prensa de los viernes para marcar territorio: al jefe no se le discute.
  • No se dirigía al PSOE y a Ciudadanos: era un mensaje para su propio partido.
  • Y es que la pareja Mariano-Soraya está convencida: después de nosotros, el diluvio.
  • Cuatro años pensando en cesarla y ahora Rajoy no puede prescindir de Soraya.
  • Pero, al mismo tiempo, Soraya necesita a Rajoy… ¡para suceder a Rajoy! Y se le acaba el tiempo.
  • El más valiente Margallo: habla de un Gobierno presidido por el PP, pero no por Mariano.
Consejo de Ministros del viernes 4 de marzo. Menos periodistas que nunca en la sala de prensa para recibir a una vicepresidenta  que, como siempre, en momentos difíciles, por ejemplo en el caso Bárcenas, se pone de perfil. Los acuerdos del Consejo no dieron ni para un minuto e incluso ha habido que recurrir a narrar la concesión de condecoraciones. Y enseguida entramos en la materia: la investidura. Ahora bien lo que ha ocurrido es que la pareja Rajoy-Soraya se ha enrocado. No frente al PSOE o Ciudadanos sino frente a los muchos que, en su mismo partido, quieren prescindir de los dos, sobre todo de Rajoy. Y han reaccionado con rabia. De entrada, y de forma personal, el presidente Rajoy ha prohibido a Pablo Casado (la esperanza regeneracionista del PP, desconozco el porqué, pero es nuevo) que hable de corrupción: no se menciona la soga en casa del ahorcado. Lo que ha venido a decir don Mariano, según fuentes monclovitas es muy sencillo: a callar, niño que aquí estamos metidos todos. Es la ley mordaza para una pareja paranoica frente a los ataques internos, mientras un partido brama contra ambos y pide renovación. He dicho renovación, no regeneración. Como se dice en el malhadado patio periodístico, los jóvenes del PP puede que no estén pringados en la corrupción porque les faltan neuronas. No sólo eso: mientras Rajoy silencia a sus posibles sucesores Soraya se encarga de lanzar mensajes a su partido. Así, ha venido a decir que Pedro Sánchez o Albert Rivera no deben hablar del PP: "cada uno manda en su casa… y es una falta de respeto" decirle al vecino "quién debe ser su presidente". Ojo, no es un mensaje a PSOE y Ciudadanos, sino a su propio partido: todos con el jefe quien, si se repiten elecciones, será el candidato del PP. Y por el momento, nadie se ha atrevido a levantar la voz. El más osado es García Margallo, quien habla de un Gobierno de coalición presidido por el PP. Por el PP, no por Rajoy. Hasta que alguien salte. Lo cierto es que en el PP no aguatan ni a Rajoy ni a Soraya. Consideran que ambos deben salir si se quiere regenerar el PP. Lo que ocurre es que nadie se atreve a levantar la mano. Pero cuidado, pareja. La olla podría estallar. Eulogio López [email protected]