• La guerra preventiva contra Cataluña o el separatismo como excusa.
  • El Gobierno Rajoy utiliza el procés para desviar la atención de su gestión cobardona.
  • Basada en el diálogo, naturalmente.
  • Y no, Cataluña no es, ni mucho menos, el principal problema que tiene España. Por ejemplo, el envejecimiento de la población es mucho más grave.
Consejo de Ministros del viernes 21 de julio. Íñigo Méndez de Vigo (en la imagen) cuida mucho su puesta en escena. Comienza explicándonos que la gestión del Gobierno es maravillosa y que las cosas van siempre a mejor. Pero también tiene preparado un tema, que es por el que preguntarán todos y cada uno de los periodistas. Y el que sepa que no va a ir por esa vía… (y lo sabe el ministro, vaya que si lo sabe). Tras lanzar el semanal glosario triunfalista sobre lo mal que estábamos antes y lo bien que vivimos los españoles, con explosiones de risa argentina incluidas, resulta que cuando llega el tren de preguntas lo mejor es lanzar una noticia relumbrona, que evite todas las demás. Así que don Íñigo lanza la idea de una Generalitat tutelada, que tendrá que dar cuenta al Gobierno central, a saber, el Estado, desde cada euro que gaste para evitar que dedique presupuesto a organizar el referéndum. Pero, ministro, campeonísimo, que eso ya está previsto, que eso no es anda, que eso ya se hace… ahora mismo cada mes, en breve cada semana. Además, hemos conocido el barómetro catalán donde el afán separatista se reduce, no mucho, pero se reduce. Sí, eso es cierto, y es una buena noticia, porque la pelmada secesionista, el orgullo separatista, y las mentiras independentistas han pasado del 'España nos roba' al 'España nos odia'. Lo primero nunca fue cierto pero lo segundo empieza a serlo. El español de hoy se siente despreciado por el catalán de hoy, sin darse cuenta de que el sentimiento de superioridad sólo anida en las alocadas mentes secesionistas. Que no, no constituyen la mayoría. Pero ahí está doña Soraya Sáenz de Santamaría, que busca vencer sin convencer y aplastar sin acordar. Soraya no es una patriota española: cree más en el Estado que en España. Pero, sobre todo, es incapaz de entender que aunque muere el secesionismo no morirá el catalanismo. Y todo lo demás, tras el Consejo de Ministros quedó en nada. Y así quedó oculta, una semana más, la cobardía del PP, incapaz de poner coto a la locura de la ideología de género y la gran mentira de la violencia contra la mujer, con un portavoz que, a preguntas de Hispanidad, se niega a responder qué posición tiene el Gobierno sobre la ley LGTB, aberración que prepara Podemos o sobre la eutanasia ya pactada por el necio de Pedro Sánchez y el jeta majadero de Pablo Iglesias y, me temo, el snob de Albert Rivera. Es un gobierno cobardón y perezoso, pero que maneja bien los tiempos. Sacas a escena a Cataluña y todo lo demás pasa a un segundo plano. Y no, Cataluña no es, ni mucho menos, el principal problema que tiene España. Por ejemplo, el envejecimiento de la población es mucho más grave. Eulogio López [email protected]