• El vodevil catalán. Una comunidad regida por un humillado Artur Mas.
  • ¿Por qué tenemos que vivir pendientes de los majaderos de la CUP?
  • Porque Artur Mas se ha convertido al independentismo en el que nunca creyó.
  • Y porque los líderes de Madrid tienen miedo a tomar decisiones.
  • Cataluña nunca será independiente pero lleva a España a la Guerra Civil.
No se equivoquen: los olorosos independentistas catalanes de la CUP, el complemento de Podemos en la zona noreste de España, no tiene la culpa. La culpa la tiene Artur Mas, prisionero de su ambición y de su quimera independentista. Él es quien se ha cargado a CIU, a Convergencia, quien ha relanzado a ERC, quien se ha hecho más independentista que los independentistas. Y la gente bienintencionada, con toda razón, ha decidido que entre el original y la copia convertida, casi se quedan con el original: CUP y Podemos a toda marcha. La CUP ha vuelto a reírse de Artur Mas, a quien ya no le queda dignidad que perder frente a los majaderos ultra (mejor, ultramajaderos) de los líderes de la CUP, estilo Anna Gabriel y Antonio Baños. Pero es verdad que tres grandes grupos parlamentarios (en este punto a Ciudadanos poco se le puede achacar) han colaborado en la locura Mas. Por una parte, Podemos, que practica esas contradicciones tan habituales en la galaxia comunista: queremos que Cataluña no se vaya de España pero defiendo el derecho de autodeterminación. Un absurdo digno de Gómez de Serna. Luego está el busca-poder Pedro Sánchez, capaz de aliarse hasta con la CUP para tocar poder pero que luego (mañana del lunes 28 de diciembre) asegura, con la mano en el corazón, que el PSOE siempre ha estado por la unidad de España. Sánchez es intercambiable: hoy puede ser independentista y mañana unitario radical. Y finalmente está el estafermo Rajoy, que no es tibio, sólo indolente. Tras lanzar la Brigada Aranzadi contra la Generalitat, más que nada para que otro tome las decisiones por él, nuestro héroe se encuentra ahora con que el independentismo catalán ni le ha dado votos ni le ha facilitado repetir en Moncloa vía pactos. Ha llegado el momento de actuar en Cataluña. Hasta que algún independentista, por ejemplo, el señor Mas, no acabe en la cárcel, no habrá marcha atrás. Y lo malo es que lo lógico, que hubiera sido un nuevo encaje fiscal de Cataluña en el seno de España, perfectamente posible hace dos años, no lo es ahora. Enfrente la CUP. Algunos comentaristas se preguntan si, cuando finalmente la CUP apoye al humillado Artur Mas, cumplirá su palabra de apoyar al Gobierno. Pero, ¿cómo van a cumplir lo que dicen si no saben lo que dicen? ¡Es la CUP! Eulogio López [email protected]