• Y a la postre, se apunta el tanto de haber conjurado las consecuencias del Brexit.
  • En definitiva, está defendiendo su gigantesca política monetaria: compra de deuda pública y, ahora, compra de deuda corporativa.
  • Y la misma política monetaria (que se repite en Japón y EEUU) se apunta ahora el Banco de Inglaterra, que baja los tipos del 0,5% al 0,25%. Eso sí, sin sorpresas, de lo que se alegran la bolsas.
  • "La demanda interna (en la UE) sigue favorecida por la transmisión de las medidas de política monetaria a la economía real", señala el  último boletín económico del BCE.
  • Y así, siempre según Draghi, que no tiene abuela, la economía de la zona del euro "sigue recuperándose, impulsada por la demanda interna". ¿Seguro?
El Banco Central Europeo, que dirige Mario Draghi, ha publicado su último boletín económico, en el que indica que la volatilidad registrada en los mercados financieros tras el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE ha sido "transitoria". Señala, en concreto, que esos mercados de la zona del euro han afrontado el aumento de la incertidumbre tras el Brexit con una alentadora capacidad de resistencia". "En consecuencia, las condiciones financieras generales siguen siendo muy favorables". Eso por un lado. Por otro, el BCE apunta que la economía de la zona del euro sigue recuperándose, impulsada por la demanda interna, mientras que el crecimiento de las exportaciones sigue siendo débil, apunta. Y de cara al futuro -añade- se espera que la recuperación económica continúe a un ritmo moderado. Se autoalaba con que "la demanda interna sigue favorecida por la transmisión de las medidas de política monetaria del BCE a la economía real". Y antes de entrar en más detalles, baste añadir que en  la Europa díscola, Gran Bretaña, el Banco de Inglaterra se ha desmarcado de la política seguida en los últimos siete años y ha reducido los tipos de interés del 0,5% al 0,25%. No ha sido ninguna sorpresa, ya estaba previsto para proteger a las empresas nacionales: están en una situación más difícil por el desplome de la libra desde el resultado del Brexit. Y una medida así, tampoco sorprende, agrada a las bolsa, que siempre suben cuando bajan los tipos. Gran Bretaña entra, en cualquier caso, en la misma política monetaria de Europa, Estados Unidos o Japón. Y volviendo a los otro. Lo que está defendiendo el BCE, en suma, es su gigantesca política monetaria, que se concreta no sólo en la deuda pública, sino también en la deuda corporativa (la deuda de grandes empresas europeas, para que me entiendan). En otras palabras, la manguera para soltar dinero. Pero esa política, a juicio de sus críticos, no está dando los frutos esperados por una razón, básicamente: por el escuálido crecimiento de la economía europea. Y a los datos se remiten: mientras Estados Unidos crece a un ritmo superior al 2%, la zona euro duras apenas llega al 1,5%. Añaden, esos mismos críticos, que el BCE está creando, además, una próxima crisis bancaria con el giro dado para comprar también deuda masiva de las empresas. Los bancos braman porque el BCE les está quitando uno de los negocios más fecundos que les quedaban en época rala en tipos de interés. Las corporaciones ya no negocian créditos con los bancos sino que acuden también al BCE. Según el boletín del BCE, sin embargo, "las favorables condiciones de financiación y la mejora de la rentabilidad de las empresas continúan propiciando una recuperación de la inversión. El aumento sostenido del empleo, que también se está beneficiando de las reformas estructurales realizadas anteriormente, así como el nivel aún relativamente bajo de los precios del petróleo, prestan apoyo adicional a la renta disponible real de los hogares y, por tanto, al consumo privado. Además, se espera que la orientación de la política fiscal de la zona del euro sea ligeramente expansiva en 2016 y que pase a ser prácticamente neutral en 2017 y 2018". No obstante, entre los factores que están dificultando la recuperación económica de la zona del euro se encuentran, además del resultado del referéndum celebrado en el Reino Unido y otras incertidumbres de carácter geopolítico, "las débiles perspectivas de crecimiento de las economías emergentes, los necesarios ajustes de los balances en varios sectores y el lento ritmo de aplicación de reformas estructurales. Con este trasfondo, los riesgos para las perspectivas de crecimiento de la zona del euro continúan situados a la baja". Sin embargo, la incertidumbre en torno a las perspectivas mundiales "ha aumentado", al tiempo que los datos disponibles para el segundo trimestre apuntan a que la actividad y el comercio mundiales han sido "moderados". Andrés Velázquez [email protected]