• Los tres 'timos': ampliaciones de capital dirigidas sólo a fondos, el 'scrip dividend' y, lo más caro de todo, emisiones.
  • El Popular emite 'cocos' por 750 millones de euros con un cupón del 8,25%.
  • El Santander amplió capital a principios de año en 7.500 millones de euros y antes, en septiembre de 2014 emitió deuda perpetua con la que captó 1.500 millones de euros al 6,25%.
  • Y BBVA emitió 1.250 millones de euros en cédulas hipotecarias a 7 años, con un interés del 0,75%.
  • Antes, eran las cajas las que no podían seguir el enloquecido ritmo de Basilea. Ahora son los bancos.

Los resultados del ejercicio 2014 presentados por los bancos españoles estos días, muestran una ligera mejoría respecto a los años anteriores. Sin embargo, y a pesar del cambio positivo de tendencia, todas las entidades consideran que el entorno regulatorio puede suponer un motivo de incertidumbre en el futuro próximo.

Y esa regulación se concreta, en líneas generales, en los requerimientos de capital que se exige a las entidades. Y no sólo cuenta la cantidad, sino la calidad. El objetivo -al menos, teórico- de todo esto es asegurar que los bancos no quebrarán aunque la situación económica sea tremendamente adversa. En otras palabras, un banco bueno es el que tiene mucho capital. Si concede más o menos créditos o si tiene una morosidad más o menos alta, importa menos. Hablamos de las entidad sistémicas, esto es, de las seis más importantes: Santader, BBVA, Caixabank, Bankia, Popular y Sabadell.

En este contexto, la banca se ha lanzado a una desesperada, y carísima, búsqueda de fondos propios para cumplir con esos requerimientos de capital. Y lo hacen de tres modos: con ampliaciones de capital -ojo, sólo aceleradas y dirigidas a inversores institucionales-, con el 'scrip dividend' o dividendo en acciones y, con emisiones de deuda, lo más caro de todo.

En concreto, el Popular ha emitido bonos contingentes convertibles en acciones ('cocos') por 750 millones de euros, con un cupón del 8,25%. Los tenedores de estos 'cocos', dirigidos únicamente a inversores institucionales, podrán canjearlos por acciones del banco a partir de 2020. Por su parte, los 750 millones de euros captados, computan como recursos propios del banco.

Otro ejemplo, el Santander, que en enero amplió capital por 7.500 millones de euros. Ampliación acelerada, sólo dirigida a inversores institucionales, esto es, a fondos. Es decir, Ana Botín se cargó el derecho de suscripción preferente, una de las grandes bazas de los accionistas individuales: no acudo a la ampliación, pero puedo vender mis derechos de suscripción preferente.

Antes de la macro ampliación, en septiembre de 2014, el Santander emitió deuda perpetua con la que captó 1.500 millones de euros al 6,25%.

No son los únicos, ni tampoco serán las últimas operaciones. También a principios de año, el BBVA emitió 1.250 millones de euros en cédulas hipotecarias a 7 años, con un interés del 0,75%.

Con el ‘scrip dividend' pasa otro tanto: las entidades se 'ahorran' tener que pagar en efectivo y, a la vez, refuerza sus recursos propios. Pero el pago del dividendo en acciones no deja de ser pan para hoy y hambre para mañana. Ciertamente, me ahorro hoy el desembolso en efectivo, pero más adelante tendré que 'dividendar' más acciones. Es, si lo prefieren, una huida hacia delante. En este sentido, las entidades ya han anunciado el paulatino cambio de modelo hacia el pago completo en efectivo.

Por ejemplo, el BBVA. Su presidente, Francisco González, aseguró que será el dividendo con cargo a 2107 -dos años después de lo inicialmente previsto- el que se abone totalmente en efectivo. Hasta entonces, el banco realizará dos pagos en efectivo y dos en acciones -con cargo a 2015-, y tres en efectivo y dos en acciones con cargo al ejercicio 2016.

Sea como fuere, lo más importante es la necesidad que tienen las entidades de aumentar sus recursos propios. Recursos que, por otra parte, se ven 'penalizados' por los créditos concedidos a pymes, pero no por la compra de deuda pública. En otras palabras, el sistema creado en Basilea penaliza duramente a la banca doméstica, tradicionalmente buena en España. Es decir, penaliza la concesión de créditos a familias y pymes. A la economía real.

Pablo Ferrer

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