• Sin embargo, la pérdida de ingresos tuvo un impacto limitado porque desde 2009 el Estado aporta más al sistema de financiación regional.
  • El año pasado, las regiones se llevaron el 6,2% del PIB en 2015, es decir, 67.007 millones de euros ( 1,12%).
  • Los ingresos subieron un 15% entre 2003 y 2009, pero en 2011 cayeron un 20% y no se han recuperado: son 2,3 puntos inferiores a los de 2003.
  • Mientras, los gastos crecieron un 30% hasta 2009, después bajaron también un 20% y ahora están en torno al 10% del PIB.
Hace dos semanas, se conocieron los datos de déficit público de 2015 (5% del PIB, ocho décimas por encima del objetivo) y el ministro de Hacienda en funciones, Cristóbal Montoro, no dudó en culpar a las autonomías y darles un ultimátum. Pero conviene subrayar que su situación sigue siendo delicada, pues el aumento del gasto fue el verdadero responsable que elevó un 1,49% su déficit entre 2003 y 2015, según un informe sobre las finanzas autonómicas de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). Y es que en el año 2003, las regiones presentaron un desequilibrio presupuestario del 0,17% del PIB, pero el año pasado la cifra fue del 1,66%. De esta manera, incumplieron con creces el compromiso adquirido con Bruselas (establecido en el 0,7%). El documento elaborado por el director de Fedea, Ángel de la Fuente, subraya que el aumento del desequilibrio entre 2003 y 2015 se debe en un 81,4% al incremento del gasto y en sólo un 18,6% a la pérdida de ingresos. El impacto limitado de esto último responde al hecho de que desde 2009 el Estado aporta más al sistema de financiación regional. El año pasado, las regiones se llevaron el 6,2% del PIB, es decir, 67.0007 millones de euros, un 1,12% más que en 2014. Además, conviene subrayar la mejora de las condiciones financieras que el Gobierno les ha ofrecido en el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y otros mecanismos de liquidez. Los ingresos subieron un 15% entre los años 2003 y 2009, pero la tendencia alcista se terminó con el inicio de la crisis. De hecho, en 2011, se desplomaron un 20% y desde entonces no se han recuperado: el año pasado se situaron 2,3 puntos por debajo del nivel que tenían en 2003. Mientras, los gastos crecieron un 30% hasta 2009, pero después, al igual que los ingresos, cayeron un 20%. En el último año, se colocaron en torno al 10% del PIB, una cifra similar a la que tenían en el año 2007. Fedea señala que ingresos y gastos aumentaban a un ritmo similar entre 2003 y 2007, sin embargo, la crisis supuso un punto de inflexión: los gastos empezaron a subir por encima de los ingresos hasta 2009. Entre ese año y 2011, los ingresos se desploman y aumenta el déficit, a pesar de que baja el gasto. Es en 2011, cuando el déficit de las autonomías marca su máximo (4,4% del PIB) y desde entonces empieza a reducirse. Claro que en los últimos dos años, el desequilibrio ha tendido a estancarse y no se ha logrado cumplir los objetivos comprometidos con Bruselas. En el 2015, los saldos presupuestarios regionales mejoraron ligeramente, a pesar de que el gasto en intereses ha caído en casi 3.500 millones por la mejora del FLA y el Fondo de Proveedores. Fedea explica que el estancamiento del déficit se debe a una debilidad "técnica" de los ingresos del sistema de financiación regional, que se han reducido en unos 2.700 millones por la inercia de las entregas a cuenta en momentos de cambio de ciclo y algunas partidas atípicas de gasto que casi se han comido el ahorro en intereses. Asimismo, señala que si se corrigieran estos factores, el déficit autonómico habrá sido del 1,4% del PIB, en lugar del 1,66%, aunque todavía duplicaría el objetivo de estabilidad. Ante este escenario, Fedea recomienta que las regiones continúen apostando por la contención de las partidas de gasto corriente. Eso sí, se prevé una recuperación de los ingresos en los próximos ejercicios, que debería mejorar la situación. Cristina Martín [email protected]