• Con permiso del 'agujero' Brasil y de la codicia de los bonistas.
  • Fleco: los fondos se resisten a poner los 600 millones de euros. Quieren reducir la cantidad… y mantener las condiciones draconianas pre-consensuadas.
  • Lo mejor: la banca acreedora se fía del tándem Fornieles-Fernández de Piérola.
  • Y eso es la primera vez que ocurre, aunque les reprochan su lentitud.
  • Y Brasil asusta, así como la división de bioetanol.
  • Pero otra cosa es quién regirá la empresa en un futuro.
  • ¿Significa esto que todo está resuelto? Ni de broma. Ahora hay que echar a andar.
Nunca estuvieron tan cerca de firmar un acuerdo de reestructuración financiera en Abengoa. Y antes de que venza el mandato judicial (octubre), ojo, hablo de acuerdo definitivo, no de parches para seguir pagando las nóminas y aguantando el tirón. Lo cierto es que la empresa ya tiene 'casi' convencida a los fondos de que aporten los 600 millones de euros, aunque esos se resisten. Primero rebajaron la cantidad desde los más de 1.000 millones iniciales que se les reclamó hasta los 600. De acuerdo, aún con 1.200 es viable Abengoa (hablamos de la liquidez aportada por bancos y fondos desde septiembre). También exigieron que se mantuvieran las condiciones draconianas, el precio al que aportaban sus dineros (un 15% más prima), condiciones que los bancos imitaron de inmediato para sus propios créditos. Cuidado porque eso multiplicaría la deuda real de Abengoa. Ahora, y este es el fleco final, los bonistas exigen más: exigen no poner 600, que les parece demasiado a pesar de que serán los dueños del 55% de la futura Abengoa. En cualquier caso, digamos que estamos en el tramo final, por fin, para lograr el definitivo acuerdo financiero. Y todo eso se ha logrado gracias a que, también por primera vez, la banca acreedora, Santander, Caixa, HSBC y compañía, se fían del equipo rector, para ser exactos del tándem formado por el presidente Antonio Fornieles y por el Ceo Joaquín Fernández de Piérola. Para ser precisos más del primero que del segundo. Les reprochan lentitud en la información, ciertamente, pero al menos se fían. Desde la ruptura con los Benjumea no habían experimentado tamaño placer. Eso sí, no confían en ellos tanto como para mantenerles al frente de la nueva Abengoa. Eso es harina de otro costal. Porque claro, ¿y luego qué? ¿Solucionado el problema con el acuerdo de reestructuración financiera? Ni mucho menos. Una compañía es mucho más que su deuda. Por de pronto, hay dos monstruos que hacen temblar a los más osados ante lo que tiemblan los más osados: uno es Brasil y el otro la división entera de bioetanol. En Brasil, además del bioetanol, está en juego un importante negocio de línea de transmisión. Son proyectos de gran dimensión para los que una venta precipitada puede resultar una ruina. Otras veces se trata de un proyecto rentable pero a medio plazo, por el momento, muy apalancado. ¿Se trata de jibarizarse también en este punto? Pues la sensatez lo desaconseja pero a la fuerza ahorcan. No es bueno vender Brasil ni el bioetanol pero a lo mejor hay que hacerlo. Bioetanol y Brasil, pero, además, otros proyectos más acrisolados están afectados por la necesidad de enajenar activos. Precisamente uno de los problemas para valorar la deuda real de Abengoa y por tanto su necesidad real de liquidez ha sido, durante los últimos meses, el constante cambio de perímetro de consolidación de la firma. Y así no hay manera de llegar a un acuerdo. Sobre todo, cuando el negociador más duro son los fondos, esas instituciones que sólo en determinados casos reciben el nombre de buitre pero que dado que es su modo de proceder, su similitud de hecho con estos cariñosos animalitos no se da en algunos casos sino en todos los casos. Eulogio López [email protected]