• De ellos, 500 millones vencen en cuatro meses, el periodo legal máximo del preconcurso de acreedores.
  • De entrada, los bancos acreedores tendrán que aportar 2.577 millones en provisiones por deuda y circulante.
  • Y si se declara el concurso de acreedores, esas provisiones se tendrán que multiplicar por cuatro.
  • ¿Se puede salvar del concurso? En Pescanova fue posible, en Abengoa no parece.
  • Los fondos buitre esperan a que llegue el momento quick wins (ganancia rápida); es decir, a cuando se declare el concurso.
¿Abengoa, y ahora qué? Es la inquietante pregunta que planea sobre la energética andaluza y por eso cae a plomo en bolsa (en torno a un 70%). Tiene toda la lógica: si Gestamp era la última solución -aunque la negociación con los bancos acreedores no se había cerrado- y la empresa se encamina hacia uno de los más sonoros concursos de acreedores (como el de Fadesa o Pescanova), la única salida para los inversores es la fuga. La segunda gran pregunta, no obstante, es ¿por qué ha dado la espantada Gestamp? Y la respuesta ayuda a comprender el difícil trance por el que atraviesa Abengoa, que está en vías de acogerse al preconcurso de acreedores, el estadio previo de cuatro meses para que el juez declare el concurso de acreedores. Por eso, hemos comentado esta misma mañana que no ha sido la banca la que ha echado a Gestamp, sino que se ha ido. Pues bien, Gestamp ha roto el acuerdo por la deuda a los proveedores, que asciende a 4.000 millones de euros, de los cuales 500 tienen un vencimiento a corto plazo, en pleno preconcurso de acreedores, que son los que hubiera tenido que soltar la empresa de los hermanos Riberas. Largo me lo fiais, han dicho, y han dado el portazo. Gestamp ha visto esas cuentas y los vascos han salido espantados. Para los bancos acreedores el problema no es menor, pero por lo que se refiere a la deuda que Abengoa tiene con ellos, no por la deuda con los proveedores. En cualquier caso, los bancos, al igual que Gestamp, no tienen ninguna duda de que la energética va a acabar en concurso de acreedores, pero no se pueden ir. Ya están de nuevo renegociando con Abengoa. Esa es la diferencia: se niegan a capitalizar esa deuda, por un lado, y no les queda otra que seguir maniobrando como puedan. De entrada, esos bancos tendrán que provisionar  2.777 millones de euros, equivalentes al 25% de la deuda concentrada en la deuda corporativa de Abengoa (2.600 millones) y en circulante (7.631 millones) por la situación de preconcurso de acreedores. Esa situación afecta, sobre todo, a los bancos extranjeros.  Y una vez declarado el concurso, les llegará lo peor: tendrán que multiplicar por cuatro esa provisión para cubrir el 100% de la deuda (10.231 millones). El caso recuerda al concurso de acreedores de Pescanova, del que la empresa gallega ha logrado salir después de dos años, pero con una deuda mucho menor (algo más de 3.500 millones). Pero Pescanova ha salido de esa fase crítica porque su negocio es la pesca y no ha dejado de hacerlo, y vender después ese pescado, durante todo este periodo. El problema de Abengoa es mucho más grave por una razón: en situación de concurso de acreedores todo se resiente y eso afectará, qué duda cabe, a los proyectos para poder aumentar sus ingresos. Los proveedores, en ese caso, ya no se fían. Hay que tener en cuenta, a este respecto, que la deuda encasillada en project finance -o lo que es lo mismo, la financiación vinculada a proyectos concretos, sobre todo internacionales- suma otros 10.033 millones de euros. Los bancos son conscientes de todo ese riesgo y se plantean, como los accionistas, si Abengoa podrá salir con gloria con el concurso de acreedores. Si fuera como Pescanova, no hay duda de que sí; y al no ser como Pescanova, no parece. Llegados a este punto, reaparecen los fondos de inversión, sobre todos buitres, a los que les puede interesar Abengoa o lo que vaya quedando de ella. Sólo un dato: la capitalización en bolsa de la energética se desploma en la misma proporción que su cotización en bolsa. Ahora vale algo más de 400 millones, cuando la ampliación de capital prevista es de 650 millones. ¿Qué hacen los fondos, siempre?: comprar al menor precio posible. Es su norma de funcionamiento básico. Hoy podrían hacerlo, porque el valor es un 70% más barato que ayer. Sin embargo, nada apunta a que vayan a comprar, ahora, porque asumirían el riesgo de entrar en una empresa abocada al concurso de acreedores. Antes del anuncio de Gestamp, a principios de noviembre, los bancos acreedores ya habían empezado a negociar con esos fondos buitres, para que aportaran fondos a Abengoa. Nunca son lo mejor opción para los accionistas (exigen rentabilidades rápidas respaldadas en activos, lo que siempre pasa por el desguace y la venta por trozos), pero a fuerza ahorcan. La situación ha cambiado y los fondos buitre esperan a que llegue el momento quick wins (ganancia rápida); es decir, a cuando se declare el concurso, como mínimo dentro de cuatro meses. Demasiada incertidumbre. Rafael Esparza [email protected]