• Un peligro: el pacifismo fanático.
  • ¿Qué tendrá que ver el pacifismo con la paz?
  • La sociedad actual odia la maternidad porque odia la debilidad y la dependencia: un bebé es ambas cosas.
  • Cuidado con la genofobia, que no es odio al sexo, sino odio al bebé, por débil y por dependiente.
  • La pregunta es: ¿cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?
  • "Apostatáis por lo más débil; ¿qué no haréis cuando se os persiga?"
  • Mientras tanto, es más necesario acordarse de Dios que de respirar.
"Es necesario acordarse de Dios más que de respirar", decía San Gregorio Nacianceno, padre de la Iglesia y, por tanto, hoy personaje totalmente olvidado (precisamente, su fiesta litúrgica es el 2 de enero). Se le considera el teólogo de la Santísima Trinidad, sólo que su mente no era contradictoria, sino complementaria, con su corazón y así alumbró esa proposición tan necesaria: nada menos que "como el respirar". Vamos que, como recordaba Benedicto XVI, Cristo no es un 'qué' sino un 'quién' y a los quienes no se les estudia: se les ama o se les odia. Porque si no se está pendiente de Dios, tampoco se puede conocer al Creador ni, por tanto, lo creado. Vamos, que eres un ignorante de tomo y lomo. Este es el peligro de 2016: que se acentúe la cristofobia –se esta acentuando- y con el odio a Cristo se intensifique el odio del hombre hacia el hombre, Viene al pelo la cita del amigo Goyo de Nacianzo en la fiesta de hoy, primer día del año. Más que nada por la sentencia que pesa sobre el siglo XXI, traída del siglo I, de Lc 18, 8: "Cuando vuelva el hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?". De estar pendiente de Dios a no encontrar un adarme de fe va un largo trecho. En particular, si consideramos que la fe es eso que va antes de la esperanza, y ésta antes del amor. Largo camino. En la misma línea cito a Marga, esa profeta madrileña de ahora mismo, que escribe esta revelación: "Apostatáis por lo más débil; ¿qué no haréis cuando se os persiga?". Y ojo, porque ya se están dando ya dos tipos de persecuciones: la oriental, sangrienta, y la occidental, consistente en marginar a los cristianos de cualquier podio de poder o de influencia (lo primero no me preocupa, lo segundo sí). ¿Se va a generalizar esa persecución cristofóbica? Por supuesto que sí, tanto en Oriente como en Occidente. De hecho, la nota más característica que percibo para 2016 es una acentuación e intensificación del odio a Cristo, de la Cristofobia y con ello, el odio a la cristianos. Acentuación que persistirá hasta el estallido final, que terminará con la victoria del que siempre gana: Cristo. Algo así como lo que ocurre hoy con el Barça en la liga española o, en el pasado, con Alemania en las competiciones de selección: el fútbol es un deporte donde juegan muchos y, al final, gana Alemania. Pero el intermedio hasta esa victoria final, puede –está siendo ya- bastante duro. Los cristianos siempre vamos de derrota en derrota hasta la victoria final. En definitiva, el 1 de enero los cristianos festejamos la Maternidad Divina de María y es, también, la Jornada de la Paz, que no vamos a entrar en si es fiesta de origen religioso o político para no perdernos. Maternidad divina de María: vivimos un odio a la maternidad, una verdadera obsesión contra la llegada de nuevos seres "al banquete de la vida". No por nada, verdad, sino porque el débil molesta y el dependiente también: un bebé es ambas cosas. El odio a la procreación, la genofobia, no es miedo al sexo, es miedo a la procreación que tanto complica la existencia. Solo que, al final, eso es cierto, acaba siendo miedo al sexo, que se considera como algo sucio. Es lógico que las almas muertas, frías, piensen así. Si algo necesita el mundo actual es volver a valorar la maternidad y la procreación (como su mismo nombre indica, colaborar en el poder creador de Dios) más que ninguna otra cosa. Segunda festividad que se celebra el 1 de enero: Jornada de la Paz. Un gran acierto el del Papa Francisco, cuando asegura que la tercera guerra mundial ya está aquí. Sólo que en forma de conjunto de guerras locales aceleradas por el crecimiento del odio y el olvido de Cristo. La suma de la conflictos locales equivalen a una guerra mundial, sólo que nos cuesta percatarnos de ello. Es lo mismo que ocurre en España con la Guerra civil, que ya ha empezado y que se acentuará con el regreso del comunismo de Podemos. Hablamos de guerra civilismo y pensamos en el 36. No, si la III Guerra mundial es diferente a las dos anteriores, la guerra civil que ya empezado en España tampoco se parece a la de 80 años atrás: es una guerra de todos contra todos, de la imposibilidad de concordia nacional y, si quieren concretarlo, de una España que se ha olvidado de Cristo, que ha dejado de ser la Tierra de María y que ahora, desprovista de sus armas, se apresta a luchar contra el comunismo –contra el neocomunismo-, otra vez. La nueva guerra civil es un guerra de todos contra todos donde el dialogo no soluciona ningún problema porque hemos perdido a Cristo y, con ello, la capacidad de considerar la rectitud de intención que puede anidar en el adversario. Naturalmente, cunado los cristianos hablamos de paz, estamos hablando de paz interior… o no sabemos de lo que hablamos. Sin paz interior no existe paz exterior. Por eso digo que existe un pacifismo fanático, que es el pacifismo del hereje. El hereje, como decía Chesterton, es un hombre que ama su verdad más que la verdad misma. Y también decía el periodista británico que cuando una sociedad anda agitada llega esa cosa que "el mundo antiguo llamaba herejías y el mundo actual llama modas". Por cierto, no por casualidad, herejía significa separación. La moda de hoy en España y en el mundo es el pacifismo fanático. O como decíamos ayer con el feminismo, "a estos los hago yo demócratas aunque tenga que fusilarlos a todos". Con la paz en el mundo, ese objetivo pacifista de las aspirantes a Miss Universo y de los grandes prebostes del mundo, estamos ante una moda similar: "A esos los pacifico yo aunque sea con misiles". Si lo quieren en versión española, me refiero a cuando el neocomunista Pablo Iglesias habla de la verdadera democracia que él nos ha traído, cuando lo que él quiere imponer es la dictadura bolivariana… por la fuerza del pacifismo podemita. En plata: no es posible la paz ni el diálogo sirve para nada si no somos capaces de ver la menor rectitud de intención en el discrepante y si no somos capaces de recordar que el hombre está dañado por el pecado original y que, de seguro, falla hasta cuando está en lo cierto, pues lo aplica de forma parcial o interesada. Es decir, no hay paz sin Cristo, no hay paz exterior sin paz interior y el diálogo no sirve para nada, no por no ceder (no se puede ceder en los principios básicos) si somos incapaces de ver la parte de verdad en el adversario y, sobre todo, su rectitud de intención. Sin esas condiciones ninguna paz es posible. Lo que llamo pacifismo fanático nos lleva a la guerra civil española y a la guerra mundial por etapas que dice el Papa Francisco. Y es que ya se sabe que el pacifismo tiene poco que vez con la paz. Eulogio López [email protected]