Jamás, en su ya dilatada historia, atravesó el diario El País un periodo de aturdimiento ideológico como el actual. La disciplina progresista en el país siempre fue coriácea, a lo largo de toda su historia. Ahora, con tantos bandazos del Janli Cebrián y con su posición en el aire, nadie sabe cuáles son los principios y valores de la casa. Antes estaba clarísimo: abajo los curas y arriba las faldas, Palestina es libre y el PSOE es el partido de la modernidad. Las cosas estaban claras y eso es bueno, bello e instructivo. Pero ahora, ¿quién sabe qué debemos escribir? Y lo que es peor, ¿qué debemos pensar? Y esto no es bueno, ni para la democracia, no para el pluralismo, ni para España, ni para Europa, ni para el mundo: ni tan siquiera para el Sistema solar: el chollo se acaba y los aplausos menguan con la merma del poder, es decir, con la merma de la capacidad para infligir daño al contrario. Hispanidad [email protected]